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El valdismo medieval

Álvaro Michelín Salomón

Introducción

Intentaremos en estas páginas hacer una síntesis del período medieval del movimiento valdense a los efectos de rescatar algunas líneas eclesiológicas, las cuales pueden inspirar aún hoy a las iglesias que buscan afirmar su vida y misión sobre bases bíblicas, especialmente las de Jesús, su movimiento y la Iglesia del Siglo I de nuestra era.
Antes de proceder a la descripción y el análisis del valdismo medieval presentaré, primeramente, un esquema de periodización de la historia valdense; luego puntualizaré muy sintéticamente algunos movimientos medievales que, así como el valdismo, quisieron experimentar un cristianismo alternativo al europeo oficial.
 

Periodización de la historia valdense[1]

El Valdismo Medieval: desde 1173/4, años de la conversión de Valdo de Lyon, hasta 1532, Sínodo Valdense de Chanforan, Valles Valdenses del Piamonte (N.O. de Italia);[2]

El Valdismo Reformado: desde el Sínodo de Chanforan, 1532, cuando los valdenses deciden adherir a la Reforma de Ginebra, hasta nuestros días. Es en esta etapa grande del valdismo que el movimiento cristiano alternativo y clandestino se institucionaliza como iglesia reformada. Simplificando podemos distinguir desde mediados del Siglo XIX lo siguiente:

a) la libertad civil otorgada a los valdenses en Italia el 17 de febrero de 1848;
b) el comienzo de la evangelización italiana fuera de los Valles Valdenses desde ese tiempo en adelante;
c) el comienzo de la emigración al Uruguay y a la Argentina, años 1857/8 y después, fundándose varias colonias agrícolas en ambos países, comenzando por Colonia Valdense – La Paz en el Depto. de Colonia, Uruguay, 1858.
 

Otros movimientos cristianos medievales

Los Cátaros: en el Siglo XII en el sur de Francia, movimiento que sumó en sus filas tanto a personas de clase baja como de clase media y la nobleza; “los cátaros denunciaban […] las riquezas superfluas de la Iglesia, pero ellos mismos seguían permitiendo la ayuda de mercaderes y feudatarios […]. La grande y pequeña nobleza, simpatizando con los cátaros, fue inducida a la lucha contra la Iglesia, para enriquecerse y sobrevivir…”[3]

Los “Pobres Católicos”: con el teólogo Durando de Huesca a la cabeza, al principio formando parte del movimiento valdense pero luego reincorporados a la Iglesia oficial; este movimiento llevaba una vida comunitaria, se reunían en asambleas y predicaban con el consentimiento del obispo de Milán.

El Movimiento Franciscano: con Francisco de Asís como fundador (1182-1226), cuya orden fue oficializada en 1215, pocos años después de la muerte de Valdo (1206/7).
 

El poder del papado medieval

Una bula papal de la Edad Media proclamaba:

“Sólo el Pontífice romano es llamado con justicia “universal”;
sólo él puede deponer y restablecer a los obispos;
el papa puede deponer a los ausentes;
sólo al papa le es lícito proclamar nuevas leyes en caso de necesidad;
sólo el papa puede usar insignias imperiales;
sólo al papa deben todos los príncipes besar el pie;
es lícito al papa destituir a los emperadores;
ningún concilio puede definirse como “general” si no es convocado por él;
nadie debe juzgar al papa;
la Iglesia Romana nunca erró ni errará jamás;
quien no concuerda con la Iglesia Romana no puede ser considerado católico…”
Dictatus papae de Gregorio VII.[4]

El papa Inocencio III (1198-1216) se designará a sí mismo como “Vicario de Cristo”. Gregorio VII, con una proclamación como la citada en apenas un fragmento, redujo a la mínima expresión la participación de los laicos en la Iglesia, abusando del poder jerárquico, el cual, en su máxima expresión, quedó en la función y la persona del papa. La Iglesia Romana adoptó las formas de gobierno, jerarquía y autoridad del mundo feudal de la Edad Media. Ello se muestra inclusive en la posesión de tierras. Además, el laico quedaba expuesto a un duro régimen de juramentos, según el cual la vida cristiana se manifestaba en la obediencia a los superiores y a la autoridad de la Iglesia.

Pero la vida religiosa no tenía como fuerte la predicación del Evangelio. El IV Concilio Lateranense (1215) se preocupó por esta situación, reconociendo que los obispos no estaban, por lo general, bien preparados para la predicación, e inclusive no tenían tiempo para dedicarse a ello… debido a las múltiples ocupaciones, o por su mala salud, o por los ataques enemigos (así declara el Concilio). De ese modo, el Concilio estableció que los obispos designasen a personas capacitadas para el ministerio de la predicación, y fueran ordenadas para el cumplimiento de tal ministerio.
 

El mercantilismo

En el aspecto socioeconómico, por su parte, el desarrollo del mercantilismo con la consiguiente ascensión social de los comerciantes, influyó mucho en los últimos siglos de la Edad Media. El comerciante debía ser una persona con espíritu aventurero y pragmático, dispuesto a arriesgar sus bienes para perseguir nuevos fines económicos; debía estar dispuesto a viajar y a vincularse con personas en el ámbito internacional. Los valores tradicionales de la Iglesia Romana fueron puestos en tela de juicio, en buena medida, por estas personas que salían de los moldes impuestos por la religión de su tiempo. El comerciante, asimismo, debía conocer algo de latín para relacionarse internacionalmente. El mercantilismo favoreció el surgimiento de la secularización, es decir, de la lenta pero progresiva autonomía de un sector de la sociedad con respecto a la Iglesia Católica, en particular de la enseñanza laica. La educación de los comerciantes comprendía tres partes: 1.- enseñanza del latín; 2.- estudio del arte del comercio; 3.- viaje de práctica al exterior.
 

Valdo de Lyon de acuerdo a las fuentes de su época

Valdo de Lyon probablemente tomó un curso como el que acabamos de describir. Sabía al menos algo de latín y, a juzgar por la rápida difusión de su movimiento por el norte de Italia (Lombardía en principio), habría tenido algunos contactos internacionales merced a sus viajes de comercio.[5]

Su nombre en latín era Valdesius; en francés: Vaudés; también mencionado como Valdés o Valdo. Nació en Lyon entre los años 1135- 1140. En 1173-4 tenía dos hijas menores, en edad de ser educadas en un monasterio (por lo menos de 6 o 7 años de edad la hija más chica). Hay historiadores que ubican su nacimiento en el año 1137. En tal caso tenía 36 años al momento de su conversión y 42 cuando se encontró con el papa Alejandro III. Era uno de los hombres notables y ricos de Lyon. Murió entre los años 1206/7, no encontrándose indicios exactos de la fecha.[6]

Según la Crónica del Anónimo de Laón, Valdo era un prestamista, con lo cual amasó una fortuna. Cuando experimenta su conversión devuelve lo requisado de sus clientes. Valdo y su mujer tenían amistad con el arzobispo de Lyon, Guichard. Entre los bienes inmuebles, Valdo disponía de molinos y hornos. Con un horno pagó a Esteban de Anse la traducción de los textos bíblicos.

La personalidad de Valdo se adaptaba bien a la de un comerciante: espíritu emprendedor, individualista, deseoso de elevarse socialmente y de llegar a ser “alguien” en la sociedad. Era el prototipo de la nueva clase mercantil, la burguesía, que poco tiempo después luchará contra el poder eclesiástico para configurar su propio poder social. Probablemente Valdo era un mercader de telas, de ahí se explicaría, en parte, los fáciles contactos que tuvo con los lombardos, al norte de Italia. Los Pobres en el Espíritu, incluyendo a Valdo, tal vez se conectaron por primera vez con los habitantes de Milán al volver de Roma el año 1179; o, por lo menos, a partir de 1183, después de la expulsión de Lyon.

En la primavera del año 1173, Valdo entró en una crisis de conciencia. Tuvo la gran preocupación por la salvación eterna; decidió cambiar de vida, despojándose de sus bienes y vivir en la pobreza absoluta. En aquel entonces, conversión significaba entrar en un convento, a fin de vivir el cristianismo a fondo de acuerdo a los monjes. Pero Valdo no tomó esa decisión: continuó siendo un cristiano laico. Según el Anónimo de Laón, cierta vez Valdo escuchó a un juglar; se entusiasmó tanto que lo invitó a su casa.[7] Los juglares tenían distintos orígenes sociales; eran músicos y educadores itinerantes… tarea que prefigura, de algún modo, la opción radical de Valdo.

La historia que el juglar contó y Valdo escuchó era la de San Alexis, hijo de un rico patricio romano del Siglo V. Cuando se casó, Alexis le dijo a su novia que había decidido vivir en castidad y pobreza. Partió el anillo nupcial por la mitad y le asignó la mitad a su novia. Se fue desde Roma en peregrinación a Jerusalén. Allí ayuna unos días y se traslada a Edessa. Aquí dona sus bienes a los pobres y se dedica a vivir en la pobreza. Durante 17 años permanece en silencio frente a una famosa imagen que, se creía, no estaba pintada por humanos. Finalmente esta imagen le habla y los habitantes de Edessa lo quieren consagrar como obispo. Alexis huye a Roma. Se enferma, su padre no lo reconoce… tampoco otras personas que lo consideran como un mendigo. Es maltratado. Cuando muere, encuentran la mitad de su anillo nupcial y entonces sí descubren quién era. Después de su muerte, opera milagros y es santificado; su fiesta es la del 17 de julio.

Después de que Valdo escuchó esta historia legendaria, se entrevistó con un teólogo, quien le propuso considerar Mateo 19:21: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, y sígueme”. Valdo asumió esta exhortación de Jesús al pie de la letra, la tomó en serio y se la adjudicó a sí mismo. Le concedió a su esposa la libertad de elegir entre los bienes muebles e inmuebles. La esposa no compartía la decisión de Valdo, pero finalmente eligió bienes inmuebles: terrenos, agua, bosques, prados, casas, dinero, viñas, molinos y hornos. Valdo se quedó con un horno, con el cual pagará la traducción bíblica. El dinero de Valdo fue utilizado para reembolsar a los damnificados por la usura; una segunda parte la destinó a la educación de sus hijas, en el convento de Fontevrault.

Una tercera parte del dinero fue a una olla popular para indigentes, que Valdo inauguró en Lyon el día de Pentecostés. Tres días a la semana, por dos meses, dio de comer a los más pobres. El 15 de agosto, día festivo del catolicismo por el dogma de la Asunción de la virgen María, Valdo, viendo sus últimas monedas y tirándolas en el piso, exclamó: “Nadie puede servir a dos señores: Dios y Mamón” (Mateo 6:24). Muchos pensaron que se había vuelto loco, pero Valdo aprovechó para realizar su primera proclama pública evangelizadora, diciendo:

Ciudadanos y amigos míos: no estoy loco como Uds. piensan; más bien me estoy vengando de mis enemigos que me habían obligado a preocuparme más del dinero que de Dios, y así servía más a la criatura que al Creador. Sé que muchos me criticarán de haberlo hecho en público, pero yo lo hago por mí mismo y por Uds.: por mí, a fin de que, de ahora en más, si Uds. me vieran poseer el dinero, digan que estoy loco; para Uds., a fin de que aprendan a poner vuestra esperanza en Dios y no en las riquezas”.[8]

La Crónica del Anónimo de Laón (aprox. 1220).  – Se trata de una crónica anónima, que comprende los años 1154-1219, y fue redactada con probabilidad por un monje de origen inglés del Convento de Santa María de Laón, en Picardía, Francia. Habla de Valdo y su movimiento. Este escrito parece mostrarse bastante objetivo en la consideración de la piedad de los laicos valdenses que estaban reformando la Iglesia. Se muestra simpático hacia la persona de Valdo, a quien presenta como “un santo en potencia”. El escrito subraya la bienvenida que el papa Alejandro III dio a Valdo y su gente en Roma, en ocasión de un concilio. No habla, en cambio, de la expulsión de los valdenses de Lyon en 1183, ni de la condena papal de Verona en noviembre de 1184, ni tampoco del seguimiento del movimiento valdense después de la ruptura con la Iglesia Romana.

El escrito de Laón presenta al valdismo como un movimiento de pobres espontáneos. Menciona la predicación como exhortación recíproca. No habla de la traducción de textos bíblicos al francés. Este documento conoce que Valdo era propietario de bienes, entre los cuales estaban sus hornos. Reconoce la amistad que unía a Valdo y su esposa con el arzobispo Guichard de Lyon, quien trató de interceder en el matrimonio. Manifiesta la decisión de Valdo de no disponer más de sus bienes cuando se dedicó al ministerio itinerante de predicación libre del Evangelio. Además dío cuenta de la importancia que tuvo para Valdo confrontarse con el relato del encuentro de Jesús con el joven rico (Mateo 19:21). Relata también la decisión de Valdo de confiar a sus hijas a la Orden de Fontevrault; como también la puesta en marcha, por dos meses, de una olla popular. Podemos decir que el Anónimo de Laón estaba muy bien informado sobre Valdo.

Moneta de Cremona: Suma adversus Catharos et Valdenses (1241) – En 1218, Moneta se convierte en profesor de filosofía de la Universidad de Boloña. En 1220 entra en la orden de los Hermanos Predicadores. Se le confió el cargo de Inquisidor en la Lombardía, cargo que ejerció hasta su muerte en 1260 aproximadamente. Escribió un tratado contra los Cátaros y los Valdenses. Se ocupa, por ejemplo, del viaje a Roma en el año 1179, a propósito de la audiencia que el papa Alejandro III concedió a Valdo. Reconoce que el papa le concede la autorización para predicar… lo cual le sirve de argumento para afirmar que es el papa, no Valdo, el heredero de la iglesia primitiva. Bajo el permiso papal y la guía de la jerarquía católica, entonces, el movimiento de Valdo obtiene el aval para la predicación del Evangelio. Asimismo, escribe Moneta, Alejandro III le hizo prometer a Valdo que observaría la doctrina de los cuatro grandes Padres de la Iglesia Antigua (Ambrosio, Agustín, Gregorio y Jerónimo), de quienes Valdo había presentado una recopilación de escritos traducida al francés.

Los Exempla de Esteban de Borbón (1249-1250) – Esteban de Borbón nació al norte de Lyon, entre el 1190-95. Estudió en la Universidad de París, entró en la Orden de los Hermanos Predicadores; desde 1223 fue monje en el Convento Dominico de Lyon. Fue Inquisidor hasta su muerte (1261). Escribió un tratado sobre los dones del Espíritu Santo, en el cual incluye anécdotas y ‘ejemplos’ ilustrativos para usar en la predicación. Al tratar el pecado del orgullo, Esteban de Borbón entiende que este pecado es el origen de toda herejía, incluida la de los valdenses. El monje da testimonio de haber recabado información de Lyon por parte de personas que conocieron a algunos valdenses: el lingüista Esteban de Anse, traductor de textos bíblicos y patrísticos como insumos para la evangelización de Valdo y sus seguidores; y el copista Bernardo Ydros.[9]

Para Esteban de Borbón, la experiencia de Valdo comienza con la curiosidad de éste de entender los Evangelios y otros textos bíblicos: de ahí que, para esta fuente, la traducción de la Biblia en lengua vulgar y su lectura sean la causa de la conversión de Valdo. Borbón cuenta que Valdo aprendió numerosos textos bíblicos de memoria y se propuso observar la perfección de la vida evangélica como la practicaron los apóstoles. Sus seguidores fueron llamados los Pobres en el Espíritu, considerados entonces los continuadores de la forma de vida de la Iglesia primitiva, en particular de los apóstoles… como si el tiempo no hubiera transcurrido. Inclusive los propios Pobres en el Espíritu se presentan como si fueran nuevos apóstoles… De ahí viene la crítica de Esteban de Borbón por el “pecado de orgullo” o soberbia.

El Anónimo de Passau (1270 aprox.) – En Austria Occidental, un monje dominico de la diócesis de Passau, compiló un manual dedicado a las herejías. Las pocas noticias sobre los valdenses son:

1.- Valdo era uno de los ciudadanos más importantes de Lyon como rico burgués.
2.- La causa de su conversión fue la muerte imprevista de un amigo.
3.- Valdo no era ignorante: sabía leer y conocía algo de latín.
4.- La persecución del clero hacia los valdenses, decían éstos, era debido a la envidia, ya que la diferencia entre las formas de vida de unos y otros acentuaba la santidad de vida de los valdenses y la pureza de su doctrina.

Pseudo David de Augusta – De inquisitione hereticorum – Es un tratado escrito hacia fines del 1200 o principios del 1300 por parte de un franciscano llamado David.

1.- Los Pobres, dice este escrito, eran “simples laicos”, “ignorantes”, que se enorgullecían de vivir el Evangelio a fondo. Decían ser los verdaderos imitadores de Cristo, de haber tomado el Evangelio al pie de la letra en un tiempo en el cual escaseaban los cristianos consecuentes y fieles.
2.- Según David de Augusta, el hecho de que los valdenses se hayan dirigido al papa para pedir la ratificación de su misión apostólica indica que reconocían en el papa el primado del poder de los apóstoles.
3.- La excomunión debería haberlos reconvertido a la Iglesia Romana, pero ello no ocurrió; siguieron firmes en sus desviaciones.

Walter Mapp – De nugis curialium Walter Mapp era un noble y sacerdote de origen galés que había estudiado en París y participó en el III Concilio Lateranense de 1179.

1.- En el Concilio celebrado bajo Alejandro III, los valdenses, personas “incultas e iletradas”, que tomaron su nombre de Valdo, ciudadano de Lyon, presentaron al papa un libro conteniendo, en francés, los Salmos con explicaciones de los teólogos antiguos de la Iglesia, y muchos otros libros de ambos Testamentos.
2.- Requirieron con mucha insistencia que se les permitiera predicar, pues consideraban que eran expertos, cuando en realidad apenas eran principiantes.
3.- “Le pregunté a dos de ellos: “¿creen Uds. en Dios? Respondieron: creemos. ¿En el Hijo? Respondieron: creemos. ¿En el Espíritu Santo? Respondieron: creemos. Y proseguí: ¿en la madre de Cristo? Y ellos dijeron: creemos”. [Debían decir: “creemos en la madre de Dios”].
4.- “Estos no tienen una vivienda fija; son itinerantes de dos en dos, descalzos, vestidos con lana, sin poseer nada; poniendo todo en común como los apóstoles, siguiendo desnudos al Cristo desnudo… aunque nosotros los condenemos y desautoricemos, hay seguramente en nuestros días quienes desean conservar intacta su propia fe y, si fuese puesta a prueba, como ocurría hace tiempo, ofrecerían sus propias vidas por su pastor Jesús…”[10]

Goffredo D’Auxerre – Super Apocalypsim – Goffredo D’Auxerre fue un monje cisterciense, quien trabajó con Bernardo de Claraval y escribió su biografía. Fue abate en varios conventos y murió en 1194. Entre sus obras se cuenta un Comentario a Apocalipsis 1—3. El extracto que aquí presentamos viene tomado del sermón XIV referido a la Carta del Apocalipsis a la Iglesia de Tiatira (Ap 2:18-29).

Lyon… ha creado nuevos apóstoles… personas despreciables y del todo indignas, que usurpan la tarea de la predicación, siendo totalmente o casi iletrados… han atravesado ciudades y pueblos bajo el pretexto de la libertad y con la intención de la predicación, viviendo imprudentemente del pan de los demás sin trabajar con las propias manos. Adiestran sus lenguas con dedicación, con palabras bien adornadas… como papagayos que ignoran lo que dicen y lo que afirman…”[11]
 

La confesión de fe de Valdo antes de la ruptura

La Confesión de Fe de Valdo (1180) puede ser considerada una reliquia histórica ya que es el único texto antes de la excomunión de los valdenses. Es un escrito de contenido contradictorio, en el cual se notan agregados. Se advierten los siguientes niveles o estratos en la redacción:

1.- El texto tradicional de la doctrina católica.
2.- Las glosas agregadas por Enrique o la curia romana hacia 1180, a fin de contraponerse a las herejías.
3.- Las contestaciones de Valdo y sus seguidores.
4.- Las glosas aportadas desde la Iglesia Romana unos 30 años después, las cuales aluden a los “errores” de los valdenses.

El inicio de la Confesión de Fe de Valdo es como sigue:

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y también de la beatísima y siempre virgen María. Quede claro a todos los fieles que yo, Valdo, y todos mis hermanos, teniendo delante de nosotros los sacrosantos Evangelios, creemos de corazón, entendemos por fe, confesamos con la boca y afirmamos con simples palabras que…”.[12]
 
Después se afirma que los Pobres en Espíritu aceptan los Credos de la Iglesia primitiva en sus tres formas (Apostólico, Nicenoconstantinopolitano y Pseudo-atanasiano). Con ello se confirma que los primeros valdenses se consideraban miembros plenos de la Iglesia Cristiana Universal, en sintonía con las confesiones de fe de los antiguos. De aquí consideraron, como síntesis, los denominados 7 Artículos de Fe:
 
 
Los Siete Artículos de Fe
 
1.- Existe un solo Dios en la Trinidad de las personas y Unidad de la esencia;
2.- el mismo Dios es Creador de todo lo que es visible e invisible;
3.- Él dio a Moisés, sobre la montaña del Sinaí, su Ley;
4.- Dios Padre dio al Hijo, quien se encarnó en la Virgen incorruptible;
5.- Cristo se eligió la Iglesia inmaculada;
6.- Vendrá la resurrección de la carne al fin de los tiempos;
7.- Cristo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
 
Otros aspectos de la Confesión de Fe de Valdo
 
1.- Hay que interpretar que la Iglesia inmaculada no se identifica plenamente con la Iglesia Romana sino con la Iglesia de Cristo invisible, santa, una, apostólica, universal.
2.- Además la jerarquía no ocupa en estos principios un papel destacado, sólo periférico.
3.- En la Confesión de Fe de Valdo (repetimos, antes de la ruptura con el Iglesia oficial) se reconocen siete sacramentos, los cuales son válidos aunque estén administrados por un sacerdote “pecador”.
4.- Se reconoce el Bautismo de Niños y la doctrina del pecado original.
5.- No hay una doctrina específica desarrollada sobre la realidad de Cristo en la eucaristía, si bien se acepta que los elementos del pan y del vino, después de la consagración, son el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
6.- Los matrimonios son legítimos (contra los Cátaros). No se reconoce el divorcio. Probablemente se atiende con esto al peligro de la disolución de los matrimonios de los predicadores itinerantes.
7.- Los viudos se pueden casar de nuevo.
8.- Se afirma la decisión voluntaria de la caída en el pecado (contra la predestinación).
9.- La vida terrenal es el único período fijado por Dios para cada ser humano, no habiendo más allá de ella posibilidad de apelación por la salvación. La salvación futura queda comprometida en nuestra vida actual. Falta asimismo cualquier mención al Purgatorio.
10.- Se apela a Santiago 2:26: “la fe sin obras está muerta”. Los valdenses prescinden de los bienes materiales, excepto de la ayuda externa por el vestido y la subsistencia cotidiana.
11.- Afirman que las personas que permanecen en el mundo, si hacen limosna, ayudan a los pobres y realizan otras buenas obras, observando los mandamientos del Señor, seguramente se salvarán.
 
 
Versiones de la conversión de Valdo
 
El dominico Esteban de Borbón (unos 30 años después del Anónimo de Laón) explica que Valdo iba a misa y escuchaba los Evangelios. Algo sabía de latín. Se interesaba por saber más de la Biblia. De ahí que se conectó con el sacerdote Esteban de Anse, lingüista, conocedor del latín, y el copista Bernardo Ydros. Nació entonces la “Biblia de Valdo” en francés, conteniendo unos cuantos textos del Antiguo y Nuevo Testamento, además de traducciones de las sentencias de los padres de la Iglesia. Se presume que esta “Biblia”, con buena parte del NT, fue la primera “edición” casera de los textos bíblicos en una lengua derivada del latín. Esta Biblia contenía, por lo que se puede saber, los Salmos con glosas (¿de Pedro Lombardo?), libros sapienciales del AT y un comentario de Job por Gregorio Magno. También encontramos los Evangelios, Cartas de Pablo y otros; un apéndice con una serie de sentencias de los padres latinos (Agustín, Ambrosio, Jerónimo y Gregorio). El dialecto era el francés provenzal del centro-norte de Francia. Posteriormente se la traducirá el francés provenzal del sur (lengua occitana). El valdismo primitivo no se puede entender sin esta empresa fundamental de Valdo.[13]

La Biblia va marcando el terreno de la verdadera interpretación cristiana propuesta y exigida por Valdo y los suyos. El principio protestante del Siglo XVI de sola Scriptura ya era defendido por los valdenses de la primera hora.
El Anónimo de Passau (aprox. 1270) propone otra versión de la conversión de Valdo. Un amigo rico de Valdo murió imprevistamente. Valdo quedó tan impactado que decide hacerse pobre e imitar a Cristo y los apóstoles. Según esta fuente, Valdo podía enseñar el NT en francés a sus primeros seguidores.
 
 
El énfasis evangelizador y la pobreza como condición de la libertad evangélica
 
Según el Anónimo de Laón, los primeros seguidores de Valdo también eran ricos. Fue tan fuerte la predicación de Valdo que estimuló el seguimiento de gente de su misma condición socioeconómica. La predicación fue dirigida a abrazar la pobreza. También se fueron sumando quienes los pobres. Después, los Pobres en el Espíritu comienzan a confesarse mutuamente los pecados, entre ellos, sin la presencia de sacerdotes. Pronto se van sumando muchos adeptos, seguramente impresionados por la diferencia en la forma de vida entre los Pobres en el Espíritu y muchos clérigos que vivían en la opulencia.

El recitado de memoria de muchos textos bíblicos, particularmente de los Evangelios, la predicación en los lugares públicos y la salida a otras localidades, fueron configurando este movimiento de reforma radical de la Iglesia. Cf. Mateo 10. La predicación itinerante, entonces, pasa a caracterizar a los Pobres en el Espíritu. Van de dos en dos. Las mujeres se unen a la predicación antes de los diez años de comenzado el movimiento. Valdo y su gente sostenían que eran los verdaderos discípulos y discípulas de Cristo, considerando el Evangelio al pie de la letra. Más que una nueva Iglesia doctrinaria, los Pobres en el Espíritu optaron por la transformación personal y comunitaria de la vida cristiana. Pobreza y predicación, entonces, se van conformando como un binomio imprescindible en el nacimiento del movimiento valdense.
 
 
La interpretación bíblica del valdismo medieval
 
Volviendo a la interpretación de la Biblia, diremos que la escolástica medieval distinguía cuatro sentidos en el texto bíblico, a saber:
 
1.- literal o histórico;
2.- tropológico o alegórico;
3.- moral;
4.- anagógico o espiritual.[14]
 
El ‘verdadero’ sentido cristiano entendido a la manera medieval llevaba a interiorizar y espiritualizar la interpretación bíblica, considerando secundario el sentido literal o histórico. Los valdenses, en cambio, afirmaron este último principio, inclusive para las enseñanzas de Jesús. Ello fue, entonces, una “revolución hermenéutica” en la interpretación bíblica. Más tarde Lutero retomará esta tesitura. De esta manera, los Pobres en el Espíritu difundieron la lectura, la memorización y la enseñanza bíblica entre el pueblo. Cumplieron un ministerio de alfabetización bíblica, siendo ellos mismos parte integrante del pueblo.
 
El Sermón del Monte fue tomado bien en serio, asumiendo la historicidad de Jesús y sus discípulos, y de las enseñanzas del Maestro, como el postulado para que la vida cristiana fuera, realmente, un discipulado entre los Pobres en el Espíritu.
 
 
Algunas características socio-políticas y culturales de su tiempo
 
El ambiente histórico en el que se desarrolló el valdismo primitivo (desde fines del Siglo XII hasta mediados del Siglo XVI) estaba caracterizado, entre otros, por los siguientes factores:
 
a) Los poderes de Estado de la Iglesia Romana, iglesia que no era sólo una fuerza espiritual sino también política, económica y militar; ella gozaba de riquezas, jerarquías, influencia y poder real de gobierno;
b) La obediencia a los superiores: éste era un principio intocable de la sociedad y la Iglesia Romana; el orden jerárquico no debía ser violado bajo ninguna circunstancia; de ahí que los juramentos pertenecieran al modus vivendi de la sociedad, incluyendo la Iglesia;
c) Los sacramentos, especialmente el Bautismo, considerados como prácticas fundamentales para alcanzar la salvación; fuera de ellos y de la Iglesia Romana no existía la posibilidad de contar con la gracia de Dios;
d) La Iglesia oficial tomó el formato institucional del antiguo Imperio Romano: con la cristianización socio-política de la sociedad con el emperador Constantino, la Iglesia se transformó en una macro-estructura internacional que pasó a internalizar en su seno tanto las normas de autoridad como la disciplina y las sanciones a quienes no encajaban en la reglamentación eclesial;
e) El clero de la Iglesia Romana, particularmente el papa y los obispos, se convirtió en una casta privilegiada que representaba la voluntad de Dios sobre el pueblo común;
f) El monaquismo se empeñó, entre otros asuntos, en la preservación de la cultura antigua: el copiado de manuscritos de filósofos, literatos y hombres de ciencia de la antigüedad;
g) La mayor parte del pueblo europeo permanecía en la pobreza y el analfabetismo;
h) Surgen las universidades como contrapartida a esa dura realidad;
i) Las Cruzadas contra los cristianos herejes y otros se presentan justificadas teológicamente;
j) Los viajes de ultramar (Marco Polo primeramente, Cristóbal Colón después, y otros) “agrandan” el mundo europeo a una influencia en y desde el exterior más marcada que antes;
k) Las grandes catedrales representan el Reino de Dios en la tierra y la grandeza de la Iglesia;
l) La filosofía aristotélica es utilizada como instrumento fundamental de la teología (especialmente por Tomás de Aquino, pocas décadas después de Valdo de Lyon).
 
 
Características teológicas y éticas de los valdenses medievales
 
El valdismo surge como un movimiento transformador dentro de la Iglesia Romana, poniendo sus énfasis en:
 
1) La Biblia como testimonio de la Palabra de Dios, que requiere del creyente su lectura y explicación, como también la proclamación y enseñanza a los demás; por lo tanto la Biblia debe estar en el idioma del pueblo para poder ser leída directamente por los creyentes alfabetizados;
2) La vida en la pobreza, ya que esta forma de vida significa libertad frente a los poderes y riquezas del mundo: tanto el poder religioso como el político y el económico quedan desautorizados para los Pobres de Lyon cuando ellos optan por la pobreza como recurso evangélico de vida libre, comunitaria y solidaria. Experimentan que nada tienen en lo material y se identifican más plenamente con Jesús y su movimiento. No los atan intereses económicos ni políticos ni juramentos sociales, religiosos o institucionales. Son pobres y libres, como lo fueron Jesús y sus primeros seguidores;
3) El principio de separación entre Iglesia y Estado;
4) La continuidad con la Iglesia de los apóstoles: los valdenses primitivos no se consideraron una secta disidente de la Iglesia oficial sino la recuperación del cristianismo original, sintiéndose en comunión directa con la Iglesia del Siglo I, lo que podríamos denominar la sucesión apostólica no episcopal pero sí por la forma de vida cristiana personal y comunitaria;
5) La predicación a cargo de laicos varones y mujeres: éstas pueden predicar al menos durante las primeras décadas del movimiento; posteriormente los barbas o ministros itinerantes serán varones;
6) La ética del Sermón del Monte como base fundamental de su compromiso evangélico; p.ej. el rechazo a los juramentos (Mateo 5:33-37);
7) La radicalidad de los mandamientos “No tendrás dioses ajenos…” y “No te harás imagen ni semejanza…” (Éxodo 20:3-6; Deuteronomio 5:7-10);
8) La negación de la doctrina del purgatorio (no es bíblica);
9) La valentía para resistir a las presiones y persecuciones de la Iglesia oficial, debido al firme convencimiento de sus posturas de fe y eclesiales, lo cual conllevará la rápida propagación del movimiento a nivel internacional;
10) La ausencia de jerarquías especiales, más allá de la integración de sacerdotes y teólogos que se irán sumando con el tiempo: el valdismo se entendió a sí mismo como un movimiento horizontal y participativo;
11)Una espiritualidad sencilla: por lo poco que podemos saber intuimos que la misa católica, al menos de manera completa, no fue practicada por los valdenses, tratándose mayormente de un movimiento de laicos y para laicos;
12)La Santa Cena celebrada como sacramento, probablemente en el marco de una comida comunitaria con pan, vino y peces, por lo menos en determinados lugares;
13)El ámbito de la familia como espacio para compartir el Evangelio;
14)La adaptación del movimiento a los diversos contextos geográficos adonde se propagó.
 
 
Los valdenses en Francia y Lombardía (norte de Italia)
 
En el año 1184, el Concilio de Verona decide la excomunión para los predicadores laicos, medida que recae de manera especial en los valdenses. Pero ellos permanecen firmes en su actitud, tal como expresara el teólogo valdense Durando de Osca:

La decisión que hemos tomado es ésta: mantener hasta la muerte la fe en Dios y los sacramentos de la Iglesia… y predicar libremente, según la gracia que Dios nos ha dado. No dejaremos de hacer esto por ningún motivo”.

El primer nombre que se dio a sí mismo este movimiento fue el de Pobres en el Espíritu, tomando la expresión de una bienaventuranza de Jesús (Mt.5:3). Buscaban el reavivamiento de la fe para vivir una vida auténtica, de acuerdo con el testimonio de los apóstoles. Salían de gira de dos en dos para leer la Biblia o recitar pasajes de memoria, explicándolos a la luz de la situación real de la Iglesia de entonces. No fundaron una orden monástica pues quisieron ser laicos y libres, viviendo en medio de la sociedad, aunque sin compromisos extras en el mundo que los desviaran de su opción por la pobreza y la predicación de los laicos.

Poco a poco fueron tomando conciencia del desmesurado poder, lujo y desvíos doctrinales de la Iglesia Romana (p.ej. en cuanto al culto a los santos, las reliquias, etc.). También fueron llamados Pobres de Lyon y, despectivamente, valdenses.

Surgió asimismo una rama distinta de estos protestantes de la Pre-reforma en el centro-norte de Italia, Lombardía, y más precisamente en su capital, Milán. Los Pobres de Lombardía comprendían que la vida apostólica también se podía concretar en la vida de todos los días en el lugar donde uno vive, en el ámbito de la familia, del trabajo y de la propia localidad. A partir de esta postura, el artesano y el obrero reciben su legítimo lugar en el movimiento valdense. El trabajo sedentario de la ciudad hace que los Pobres de Lombardía asuman ese trasfondo para experimentar la fe cristiana evangélica a su propia manera.

Al siglo de haberse fundado el movimiento, los valdenses son expulsados de la Lombardía y se expanden hacia las zonas agrícolas del sur de Alemania, los Alpes, Francia y también hacia el sur de Italia. Los Siglos XIII y SIV serán muy duros para los valdenses por causa de las persecuciones de la Iglesia Romana. Todo ello hace que se propaguen más y más, lógicamente, de manera clandestina. Surgen grupos en Polonia, Austria, Bohemia, Hungría y Suiza. Un inquisidor del año 1300 comentaba que los ministros valdenses, llamados barbas (del latín barbanus: tío) viajaban como vendedores ambulantes, quienes, al final de su propaganda comercial, ofrecían la mercancía de más grande valor, la perla de gran precio, es decir, el Evangelio. En su predicación había una explícita crítica a las desviaciones éticas y doctrinales del cristianismo oficial.

El movimiento valdense primitivo fue una reforma de tono clandestino y muy casera, ya que no se disponía de templos; las ‘capillas’ y escuelas bíblicas eran las propias casas y el testimonio evangélico se daba en el arroyo, cuando las mujeres lavaban la ropa, o en el negocio del artesano. La familia era el ámbito privilegiado para comentar y explicar las Escrituras. Los hijos y nietos también debían continuar en el camino evangélico de la libertad.
 
 
Los valdenses medievales ante la Iglesia y el Estado
 
Existía la leyenda de que en el Siglo IV el emperador romano Constantino, en reconocimiento por una curación milagrosa, concedió al papa Silvestre el dominio político sobre la parte occidental del Imperio Romano. En tiempos de los valdenses, esta leyenda justificaba, desde la Iglesia Romana, lo que ya se daba de hecho: el gobierno político de la jerarquía religiosa (papas y obispos) en el Occidente Europeo con todo lo que ello implicaba en riqueza y poder. La leyenda, llamada Donación de Constantino, ilustraba entonces ese lazo tenso entre Iglesia y Estado, que los valdenses entendían como una traición a la verdadera misión y vida apostólica. Los valdenses se consideraban a sí mismos como los continuadores de la línea evangélica primitiva y asumieron, por consecuencia, que la Donación de Constantino era históricamente dudosa y teológicamente errónea.
 
 
Los valdenses y el ecumenismo “protestante” medieval
 
En los Siglos XIV y XV los valdenses ya no están solos en su protesta evangélica. Al final del Siglo XIV el movimiento valdense, después de dos siglos de misión clandestina, resistencia y martirio, parece extinguirse ante los poderes político y eclesiástico. No obstante la cristiandad católica ya parece perder su unidad monolítica.

En sintonía espiritual con los valdenses se ubican los prereformadores Wicliff (1324-1384) en Inglaterra y Huss (1369-1415) en Bohemia. Wicliff, profesor universitario, hace traducir las Escrituras y las divulga entre el pueblo. Sus escritos producen profunda influencia en la Europa continental, al punto que otro profesor, Huss, toma la posta para transmitir las enseñanzas bíblicas. Finalmente Huss será encarcelado, condenado y quemado como hereje en Constanza (Suiza) en el año 1415.

Como consecuencia se desencadena una fuerte revolución popular para reclamar la libertad de predicación y de fe, llegándose a la lucha armada contra el ejército de la Iglesia Romana. Vence la sublevación husita y luego este movimiento se divide entre moderados e intransigentes (estos últimos se separan del catolicismo). Los husitas intransigentes se reúnen en torno a la Ciudad de Tabor, en Bohemia, y de allí surge la Comunidad de los Hermanos Moravos, iglesia existente aún hoy.

Giorgio Tourn presenta el siguiente análisis:

Por primera vez un movimiento disidente había hecho frente al poder constituido; un ejército popular había rechazado la cruzada contra ellos; un territorio de la cristiandad se había liberado de la opresión papal y de la inquisición[15]

Los contactos entre los valdenses y los husitas fueron muy estrechos. Los valdenses recibieron libros y cultura teológica de parte de los husitas, y éstos tuvieron de los valdenses apoyo económico. Los husitas llegaron con su misión hasta Alemania, donde había grupos valdenses, dando así un nuevo impulso al aletargado movimiento valdense. Los barbas del Siglo XV ya se destacan por su formación cultural en general y teológica en particular, y algunos de ellos reciben preparación en las filas husitas.

Los grupos valdenses de los Alpes franceses e italianos sufren nuevamente persecución. Ellos intentan defenderse por medios legales pero, sin embargo, el Valle del Pragelato es invadido y saqueado en 1488. A pesar de todo eso, los valdenses no se extinguen; su tarea misionera se vuelca ya en el tiempo de Lutero (1483-1546) a la edición de folletos religiosos, utilizando así la nueva y gran invención de la imprenta.

La Confesión de Fe de 1488, dirigida a los católicos, termina diciendo:

Ponemos nuestra esperanza en Dios, nos esforzamos de agradarle antes de agradar a los hombres. No tememos a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Sabed, sin embargo, que todas vuestras fuerzas contra nosotros serán vanas si Dios no lo quiere”.[16]

Cuando, a partir de 1517 en Alemania, Lutero sale a la luz pública con su protesta por el negocio de las indulgencias papales, a los valdenses se les presenta una posibilidad maravillosa de afianzarse en su lucha espiritual. Lutero encarnaba los mismos ideales que los valdenses.

En 1526 se encuentran en Suiza algunos delegados valdenses con el reformador Guillermo Farel, presentándose las respectivas posiciones en cuanto a doctrina y práctica eclesial. Calvino y Zuinglio se destacarán en Suiza, junto con Farel, y de hecho la Reforma no tendrá sólo un carácter religioso sino también político y social. La clase económica activa y progresista de las ciudades llevará adelante el movimiento de transformación que había surgido en Alemania. Los valdenses deben decidir, de ahora en más, entre seguir siendo valdenses medievales (clandestinidad, itinerancia de los barbas, interpretación literal del Evangelio) o hacerse valdenses reformados (profundización teológica, clarificación de los Sacramentos; el asumir de lleno la búsqueda de espacios en la sociedad). Es así que llega el Sínodo de Chanforán (Valle de Angrogna, cerca de Torre Pellice, Valles Valdenses del Piamonte, 1532). No están presentes sólo los barbas, se trata de una asamblea abierta para todos los jefes de familia.
 
 
Trasfondo y decisiones del sínodo valdense de Chanforán
 
1) El Bautismo y la Santa Cena fueron reconocidos como los únicos Sacramentos;
2) La Biblia fue colocada nuevamente como base indiscutible de la fe;
3) Se valoró el apoyo de la Reforma de Ginebra (adonde llegará Calvino un poco más tarde) y se consideró que sus postulados teológicos están en sintonía con el movimiento valdense;
4) Se institucionalizó el ministerio pastoral local;
5) En contra del valdismo medieval se tomó la resolución de que el cristiano puede jurar lícitamente en nombre de Dios, siempre y cuando el juramento sea para la gloria de Dios y en beneficio del prójimo;
6) La confesión auricular no fue considerada como ordenada por Dios;
7) Se asumió que la venganza no es lícita para los cristianos;
8) El matrimonio se le permitió a los pastores;
9) Se declaró que Dios sólo prohíbe el cobro de intereses que daña al prójimo; hay cobro de intereses que son legítimos;
10) Se decidió recolectar fondos para hacer traducir e imprimir la primera Biblia en francés; Pedro Robert, alias Olivetán, primo de Calvino, fue el traductor de esta importante Biblia que fue impresa en Neuchatel, Suiza, en 1535.
 
Al respecto, afirma contundentemente G. Tourn:
 
La Asamblea de Chanforan no es, pues, una página de historia únicamente valdense, sino de la historia espiritual italiana; de la historia religiosa de Italia. Los campesinos de aquel rincón remoto de los Alpes, aceptando la suposición de Farel de que el movimiento reformado se podía extender hacia el sur, comprenden que deben dar su aporte a su difusión”.[17]
 
 
Conclusión
 
Es evidente que nos separan siglos y contextos geográficos y culturales con respecto al valdismo medieval, incluyendo el período de su conformación como iglesia reformada en el Siglo XVI. No obstante considero que es posible que hoy se retomen algunas líneas bíblico[1]teológicas y eclesiales de ese movimiento que intentó dar nueva vida a la Iglesia. No se trata de copiar modelos de iglesia de manera extremadamente simplista y acrítica, sino de tomar aquello que consideramos consistente con el Evangelio y con las formas de encarnarlo en nuestro medio.[18]

Para no repetir argumentaciones me limito ahora sólo a recordar algunas líneas maestras y a incluir otras que, según entiendo, se corresponden con la hermenéutica teológica y la búsqueda de renovación del antiguo movimiento valdense:
 
1. La importancia de que el mensaje de la Iglesia esté bien fundado bíblica y teológicamente;
2. Una comprensión bíblica (hermenéutica) que tome en serio la historia bíblica y la historia contemporánea, así como lo relacionado al cuerpo (enfermedad y salud, hambre y alimento), al trabajo (o la falta del mismo o el trabajo precario), y a las situaciones diversas de las mujeres (p.ej. violencia doméstica);
3. Lo imprescindible de difundir el Evangelio con los medios a disposición, siendo abiertos a la Palabra de Dios para permitirse convertirse una y otra vez si es necesario;
4. La fuerza del Espíritu de Cristo que da la libertad para renovar la vida de la Iglesia;
5. El protagonismo en la Iglesia de la gente común cuando es alcanzada en serio por el Evangelio (y le permiten ser protagonista): la horizontalidad y la participación activa de muchos en la comunidad de fe local;
6. El lugar de los pobres en la vida y la misión de la Iglesia, no como meros receptores de la acción y el mensaje eclesial sino como actores que tienen mucho para contar (dar testimonio), para proponer y, por lo tanto, para sugerir cambios en las relaciones internas de la iglesia, en el contenido y la forma de predicar el Evangelio y en el testimonio público;
7. Los ministerios confiados a la mujer: la diversidad de género en la iglesia y la sociedad bajo una comprensión no basada en niveles de jerarquía preestablecidos por la ‘naturaleza’, sino como la gran variedad que supone pluralidad, perspectivas diferentes sobre la vida, los sentimientos, afectos y maneras de ser, los cuales pueden y deben aportar riqueza espiritual y teológica a la iglesia… y desde la iglesia, a la sociedad;
8. El claro discernimiento entre Iglesia y Estado, a fin de no confundir ámbitos ni responsabilidades;
9. La voluntad, el convencimiento y la valentía para brindar el testimonio cristiano, ya sea como Iglesia o como creyentes individuales: si hay convencimiento de algo, se encontrarán las palabras y las ocasiones para compartir el Evangelio;
10.La coparticipación ecuménica por el entendido que una sola Iglesia no condensa en sí misma todo el Evangelio;
11.La aceptación de la formación teológica en iglesias hermanas, o el apoyo teológico recibido de ellas cuando el sustento teológico propio resulta insuficiente;
12.La valoración de la(s) cultura(s) en la vida cristiana (en relación, p.ej., con la alfabetización bíblica promovida por el movimiento valdense desde su origen, así como la aceptación, por parte de Cuadernos de Teología XXXIII (2014) 199 los valdenses en el Siglo XVI, de Ginebra como un fundamental centro teológico protestante, el cual podía proveerles de un apoyo teológico y cultural acorde con ese nuevo tiempo histórico);
13.La “sucesión apostólica” bajo una comprensión ética y pneumatológica, no de jerarquías ministeriales, vale decir: las marcas del auténtico cristianismo por lo que la iglesia es y hace, lo cual no se identifica con una confesión específica sino que atraviesa las distintas confesiones cristianas
 
 
Apéndice: cronología breve del valdismo medieval
 
1173/4 – Conversión de (Pedro) Valdo (Lyon, Francia).
1179 – Una delegación valdense va a Roma, en ocasión de celebrarse el III Concilio de Letrán. Son considerados laicos ignorantes pero aún no “herejes” (fuera de la doctrina oficial).
1184 – Concilio de Verona: se confirma la prohibición de que los laicos prediquen sin la confirmación oficial de los obispos. Primera mención de los valdenses como “pobres de Lyon” en un documento pontificio. Excomunión de los valdenses por desobediencia al obispo y expulsión de Lyon.
1198 – Aparecen los “pobres” en Lombardía (centro-norte de Italia con capital en Milán) y Lorena.
1206/7 – Muerte de Valdo.
1210 – Edicto de Otón IV contra los valdenses en la diócesis de Turín (Piamonte).
1215 – Condena definitiva de los valdenses por herejía (IV Concilio de Letrán).
1266 – Inquisición en Bohemia; difusión de los valdenses en Austria.
1315 – Fundación de grupos valdenses en Calabria y Puglia (sur de Italia).
1484 – Cruzada contra los valdenses de Carlos I de Saboya en el Valle de Luserna.
1489 – Cruzada del enviado papal Alberto Cattaneo en el Delfinado (Francia); emigración a Provenza (Francia).
1498 – Lucas de Praga, teólogo de la Unión de Hermanos Bohemios, se pone en contacto con los valdenses de Italia central.
1517 – El monje agustino alemán Martín Lutero fija en la puerta del templo del castillo en Wittemberg sus 95 tesis, dando comienzo al movimiento evangélico renovador de la iglesia llamado “Reforma”.
1526-1530 – Contactos de delegados valdenses en Suiza y Estrasburgo (Francia) con representantes del movimiento reformado.
1532 – Sínodo Valdense de Chanforan (cerca de Torre Pellice). Adhesión formal a la Reforma y decisión de hacer traducir la Biblia al francés.
1535 – Edición de la llamada “Biblia de Olivetan”, la primera Biblia en francés.
 
 
Bibliografía
 
CARLO PAPINI – Valdo di Lione e I “Poveri nello Spirito” – Il primo secolo del movimento valdese (1170 – 1270), Torino, Claudiana, 2001.
GIORGIO TOURN – I Valdesi – la singolare vicenda di un popolo-chiesa, Torino, Claudiana, 1977; también su versión en español: Los Valdenses, Colonia Valdense, Edición de la Iglesia Valdense, 1983 (3 Tomos).
AMEDEO MOLNAR – Historia del Valdismo Medieval, Buenos Aires, La Aurora, 1981 (trad. del italiano).
AUGUSTO ARMAND-HUGON – Storia dei Valdesi – dal Sinodo di Chanforan all’Emancipazione, Torino, Claudiana, 1974. Cuadernos de Teología XXXIII (2014) 201
RAYMOND BROWN – Hermenéutica, en Comentario Bíblico “San Jerónimo” – Tomo V – Estudios Sistemáticos, obra dirigida por R. Brown, J. Fitzmyer y R. Murphy; Madrid, Ed. Cristiandad, 1972 (trad. del inglés).
CHRISTIAN SCHWARZ – Desarrollo natural de la Iglesia – Ocho características de una iglesia saludable, Barcelona, Ed. Clie, 1996 (trad. del alemán), o el sitio de internet www.bioiglesia.org
 
 
Para profundizar en las fuentes[19]
 
GIOVANNI GONNET, Enchiridion Fontium Valdensium, Torino, Claudiana, 1958.
————————— Le Confessioni di Fede Valdesi prima della Riforma, Torino, Claudiana, 1967.
VALDO VINAY, Le Confessioni di Fede dei Valdesi Riformati- con documenti del dialogo fra “prima” e “seconda” Riforma, Torino, Claudiana, 1975.


Notas

[1] Esta periodización tiene un valor más didáctico que histórico pero ayuda a ubicarnos a muy grandes rasgos en los más de ocho siglos del valdismo.
[2] Véase la Cronología del Valdismo Medieval en el Apéndice.
[3] Amedeo MOLNAR: Historia del Valdismo Medieval, p.27.
[4] En Carlo PAPINI: Valdo di Lione e I “Poveri nello Spirito” – Il primo secolo del movimento valdese (1170 – 1270) p.18. Resumimos la exposición de Papini con respecto a la caracterización de Valdo de Lyon y las fuentes de la época sobre él.
[5] Los datos sobre Valdo de Lyon son reconstrucciones que los historiadores realizan a partir de diversas fuentes escritas por terceros; Valdo no fue un teólogo ni podemos pretender que fuera un escritor. Sí se valió de teólogos para sustentar sus intuiciones cristianas de reforma. La denominada “Confesión de Fe de Valdo” (ver más adelante) no debe haber sido redactada solamente por Valdo. Seguramente el legado teológico escrito más importante de su movimiento lo constituye la llamada “Biblia de Valdo”, una versión parcial de la Biblia en francés provenzal, de la cual Valdo no fue su traductor pero la utilizó como la herramienta de evangelización más preciada. Lamentablemente no se han encontrado ejemplares de dicha Biblia, sólo algunas indicaciones de los libros bíblicos que contenía. Esta Biblia parcial en francés se constituyó en la primera versión en dicho idioma. Curiosamente, en el Siglo XVI, la primera versión completa de la Biblia en francés será una traducción realizada por Olivetán, primo del reformador Calvino, y pagada su edición por los valdenses de los Valles Valdenses de los Alpes.
[6] La datación exacta de la muerte de Valdo se perdió, así como se perdieron muchos detalles de su vida personal; aunque, como veremos más adelante, existen diversas fuentes escritas que dan cuenta de unos cuantos aspectos de su vida y ministerio. El año 1207 como fecha límite para su muerte es una conjetura de los historiadores. Véase la Bibliografía sobre las fuentes al final de este artículo, así como PAPINI, op.cit., pp.51ss (Analisi delle fonti della storia di Valdo e del primo Valdismo), y también pp.519-521 (Indice delle fonti, dei testi e manoscritti anonimi).
[7] PAPINI, op.cit., pp.97ss.
[8] Ibid, p.101.
[9] Ibid, pp. 78ss
[10] Ibid, p.83.
[11] Ibid, p.84; véase también pp.66-70.
[12] Ibid, p. 137
[13] Véase PAPINI, op.cit. pp.107-114.
[14] Véase p.ej. Raymond BROWN: Hermenéutica, en Comentario Bíblico “San Jerónimo” – Tomo V – Estudios Sistemáticos, obra dirigida por R. Brown, J. Fitzmyer y R. Murphy, Madrid, Ed. Cristiandad, 1972 (trad. del inglés), pp. 279-323, especialmente pp.282-284 y pp. 296-297. Dice Brown al respecto (p.296): “Se puede decir que el principio teórico que guió la exégesis medieval fue la distinción de Juan Casiano (fallecido ca. 435) sobre los cuatro sentidos de la Escritura […]. Los cuatro sentidos de Jerusalén, un ejemplo tomado del propio Casiano, son una buena ilustración de la teoría. La Jerusalén mencionada en la Biblia es, en sentido literal, una ciudad judía; alegóricamente se refiere a la Iglesia de Cristo; tropológicamente designa el alma humana; analógicamente equivale a la ciudad celestial. En este clima exegético, el sentido literal tenía importancia histórica, mientras que los demás eran esenciales para la fe y la conducta. La mística monástica, la predicación dirigida a los fieles y la búsqueda de material teológico en las escuelas dependían estrechamente de los sentidos supraliterales y daban un tono predominantemente no literal a la exégesis de la Edad Media. Quizá convenga señalar que el mismo entusiasmo por la alegoría se advierte en la literatura profana de fines de la Edad Media” [las negritas son agregadas aquí].
[15] Giorgio TOURN: Los Valdenses, Tomo I, p.98
[16] Ibid., p.110.
[17] Ibid., p. 134. Por otro lado es cierto que el Sínodo de Chanforan no tuvo unanimidad en sus resoluciones. Parece ser que el tema más discutido fue el de la relación Iglesia – Estado. La antigua postura valdense de neta separación entre ambos ámbitos no fue lo que prevalecerá en la Ginebra reformada. Historiadores y teólogos dividen sus opiniones sobre la ganancia o la pérdida que ello significó para el valdismo. Si los valdenses no se unían a Ginebra corrían el riesgo de quedar confinados en su valles del Piamonte como un enclave del pasado, sin la posibilidad de crecer teológicamente ni de recibir otros apoyos (económico y político, para ser más precisos). Pero por otro lado, decidir que la Reforma de Ginebra con su modelo de iglesia y ciudad reformada, no el de una iglesia reformada en una ciudad católica, pasara a ser el modelo teológico a seguir de ahora en más, significó para los valdenses de 1532 poner entre paréntesis su aguda crítica al constantinianismo. Con todo debe reconocerse que la relación entre Iglesia y Estado en la Ginebra reformada no tuvo como protagonistas ni a emperadores ni papas ni obispos, sino a un Estado de la ciudad democrático y a una Iglesia gobernada por el Consistorio. Los personalismos se vieron muy frenados en uno y otro ámbito a favor de la toma de decisiones colegiada.
[18] Christian SCHWARZ, con su investigación y obra sobre el Desarrollo Natural de lglesia deja bien en claro que el copiado de un modelo de iglesia “exitosa” no garantiza que otra iglesia obtenga los mismos resultados. Véase p.ej. de este autor Desarrollo Natural de la Iglesia – Ocho características de una iglesia saludable, Barcelona, Ed. Clie, 1996 (trad. del alemán), o el sitio de internet www.bioiglesia.org
[19] A. MOLNAR, op.cit., pp.23-24, expone un listado de bibliografía sobre las fuentes que incluye libros y artículos en francés y alemán 

Álvaro Michelín Salomón es Pastor valdense en actividad y Profesor de Teología Práctica (ISEDET y REET). Se doctoró en Teología por el I.U.ISEDET en el área de Nuevo Testamento. Realizó estudios en la Facultad Evangélica de Teología en Tubinga, Alemania. Fue docente en la Escuela Bíblica de la Acción Apostólica Común en la Provincia del Chaco para líderes pentecostales de la etnia Qom. Escribió libros de formación bíblica con su esposa Wilma E. Rommel.