
Juan José Barreda Toscano
Hasta hace unas décadas se conocía muy poco o nada de la Literatura Pseudoepígrafa en el contexto evangélico latinoamericano. Existían publicaciones en inglés como las de R. H. Charles, Apocrypha and Pseudepigrapha of the Old Testament, publicada a principios del siglo XX, y la obra dirigida por James Charlesworth, The Old Testament Pseudepigrapha, publicada a mediados de los años de 1980. Pero al tratarse de obras en inglés, aun entre quienes estudiaban teología, no eran muy conocidas. También en la década de los años de 1980, el erudito español Alejandro Díez Macho inició la publicación de los Apócrifos del Antiguo Testamento. Esta obra contó con la participación de grandes eruditos y eruditas de la filología, teología y filosofía. El proyecto tuvo varias interrupciones que extendieron por más de cuatro décadas el tiempo de publicación. En este año acaba de ser publicado el tomo VII, el último de la colección. Con todo, ya sea por prejuicios hacia publicaciones de editoriales e investigadores católicos, por cuestiones de alto costo de estos libros, y entre otras posibles razones, poca gente tiene acceso o conoce esta colección. Aun en las bibliotecas de muchas instituciones teológicas evangélicas de América Latina no se cuenta con esta que, por otro lado, se ha constituido en una fuente importantísima para los estudios en el campo de Sagradas Escrituras.
Las publicaciones basadas en los estudios de la Literatura Pseudoepígrafa en el mundo evangélico latinoamericano son también escasas, y las pocas que hay son muy poco conocidas. Sólo se pueden encontrar algunos artículos aislados en revistas académicas católicas o ecuménicas, pero son casi inexistentes en las revistas evangélicas de teología. Ni que hablar de la falta de publicaciones de libros al respecto. Otra vez, es en España y en editoriales católicas donde se están haciendo importantes aportes publicando literatura introductoria, investigaciones sobre el desarrollo de ciertos temas, así como también, se organizan eventos académicos en los que se presentan las más recientes investigaciones.
La falta de interés y de conocimiento en esta literatura de los evangélicos latinoamericano parece responder a tres razones principales. Ya se ha mencionado la falta de conocimiento académico por el escaso acceso que hay a estos escritos, así como también por la falta de estudios sobre los mismos. Contrariamente a ello, en la Web hay cada vez más videos y estudios de libre acceso a los cuales están accediendo muchos evangélicos deseosos de un mayor conocimiento al respecto. Otra razón no menor para la realidad latinoamericana es que las publicaciones académicas son muy costosas y los Seminarios e Institutos Bíblicos están bastante lejanos para considerar la compra de estos escritos. Las excepciones se pueden ver en las iniciativas en blogs de individuos que suben a la Web muchos de estos materiales con la posibilidad de tener libre acceso a ellos. Esto último refleja cierta vocación de que se acceda a una literatura que a lo largo de la historia ha sufrido diferentes formas de censura y de ocultamiento.
Relacionado con lo expuesto, posiblemente la causa más importante por la que la Literatura Pseudoepígrafa es desconocida es el hecho de que, por amplia mayoría, la iglesia evangélica ha recibido una visión negativa de ella. Esta es presentada como herética, y deformadora de las sanas enseñanzas. Usualmente, se alude el origen de su composición a una supuesta tensión con los escritos canónicos. A ambos corpus de escritos se los considera antagónicos y enemigos. Visto así, es común el consejo de no entrar en contacto con los escritos Pseudoepígrafos, consejo que es practicado como una forma de salvaguardar la pureza de la fe. De alguna forma, cierto ánimo anticatólico puede alimentar esta ignorancia. Para muchos, en la iglesia evangélica, los escritos deuterocanónicos que forman parte del canon aceptado en la Iglesia Católica Romana son considerados apócrifos, tal cual lo son los que aquí denominamos Pseudoepígrafos, y por ello, este último corpus de escritos es rechazado como una forma de ser un fiel evangélico. Si es remoto encontrar estudios sobre esta literatura en el mundo evangélico, mucho más remoto será hallar estudios en los que se rescaten las enseñanzas religiosas y espirituales presentes en estos escritos, como sí se hace, por ejemplo, en cualquier escrito de los Padres de la Iglesia, o aún en algún libro de espiritualidad de la Edad Media.
Literatura Pseudoepígrafa
Sobre la designación “Pseudoepígrafos”.
Se denomina de esta manera a un corpus de escritos religiosos judíos compuestos entre los años 300 a. C. y 200 d. C. No se deben confundir con los Deuterocanónicos, a decir, los siete escritos y las añadiduras a otros que forman parte del Antiguo Testamento de la Iglesia Católica Apostólica y Romana: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc o Carta de Jeremías, 1 de Macabeos, 2 de Macabeos, y a las secciones griegas: Ester 10:4-16:24, Daniel 3:24-50 (“Oración de Azarías”), Daniel 3:51-90 (“Himno de los tres jóvenes”), Daniel 13 (“Historia de Susana”), Daniel 14 (“Historia de Bel y el Dragón”). Usualmente, en el mundo evangélico se los designa como “apócrifo” (oculto, falso), a estos escritos y a cualquier otro que no formó parte del canon del Antiguo Testamento protestante. Esta designación es imprecisa exegética e históricamente, y tiene más que nada una carga negativa política y eclesial que obstaculiza el estudio honesto, consistente y, diría, empático de estos escritos.
Volviendo al uso del término pseudoepígrafo, es posible que se difundiera por influencia de la publicación del trabajo de Albert Fabricius, Codex Pseudepigraphus Vetus Testamentii en 1713. Justamente, Fabricius usó este término para diferenciar a estos escritos de aquellos que eran denominados “apócrifos” por los protestantes y que formaban parte del Antiguo Testamento aceptado por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Esta designación se refirió a una característica literaria que era común a varios escritos de este corpus. No se trató de una valoración ética. Para este erudito, en dichos escritos se usó la pseudonimia como recurso literario y teológico que vinculó al escrito con una tradición teológica antigua y una figura de renombre. Si bien es cierto que entre los protestantes se sigue usando mayoritariamente este término, también se es consciente que se presta a distorsiones en la comprensión de esta literatura.
Uno de los problemas con esta designación es que engloba a una amplia cantidad de escritos que no testimonian interés por explicitar quiénes fueron sus autores (p. e. Jubileos, 1 Enoc, Testamento de los Doce Patriarcas, Vida de los Profetas, José y Asenet, Oráculos Sibilinos, entre otros). Debe recordarse que hay una diferencia entre quien escribió un escrito y quien es el personaje que se presenta en el mismo como “autor”. Están los escritos a los que, evidentemente, ciertas agrupaciones y tradiciones religiosas les adjudicaron la procedencia a una figura emblemática por razones de autoridad, pero no de autoría. Para ser justos respecto a esto, debe recordarse que la pseudonimia en su diversidad de expresiones también fue usada en el Antiguo Testamento. A estos escritos se les adjudicó la autoría de personajes importantes de la historia de Israel basándose en alguna referencia general en el escrito, o bien, en una antigua tradición que les adjudicaba la paternidad de este (cf. Pentateuco, Salmos, Isaías 40-55, Isaías 56-66, etc.). La pseudonimia tuvo carácter literario, sociológico y teológico consecuente con la cultura de la época. Atribuirle una carga ética de “fraude” es un anacronismo en el que, lamentablemente, caen a menudo los grupos conservadores debido a sus concepciones a-historicistas de la formación e interpretación de las Escrituras.
Quizás influidos por una mirada excluyente y normativa del canon de la Biblia Hebrea, están quienes ven en la designación “pseudoepígrafa” una forma de referirse a los escritos religiosos judíos que no se incluyeron en dicho canon. Esta mirada tiene varios errores metodológicos, históricos y exegéticos. En primer lugar, da por sentado que ya existía un canon de la Biblia Hebrea en tiempos de la composición de los Escritos Pseudoepígrafos. Hay consenso entre los académicos en aceptar que la Torá y los Profetas ya formaban grupos de escritos definidos respectivamente alrededor del siglo IV y I a. C. Sin embargo, no existía una única versión de la Torá, y esta podía incluir más escritos. El Rollo del Templo (11Q19 / 11QTemplea), por ejemplo, tuvo carácter de Torá entre los esenios y grupos afines. En este sentido, y para ser más precisos, debe señalarse que no toda referencia a la Torá aludió o refirió inequívocamente al Pentateuco (“cinco libros”).
En segundo lugar, y relacionado a lo dicho antes, se debe observar además la existencia de otras versiones de la Torá como la versión samaritana que tiene cerca de 6000 diferencias con el TM, o bien la versión del Pentateuco LXX cuyas diferencias con el TM no se explican solamente por el trabajo de traducción edición al griego, sino que reflejan en ciertos casos a una fuente diferente. Las 1900 variantes del texto de la LXX con el TM, pero que coinciden con el texto samaritano, parecen confirmar esto. Del mismo modo, puede referirse a los textos de reescritura e interpretación de la Torá y los Profetas hallados en Qumrán. Estos parecen reflejar la existencia de otras recensiones de la Torá en las cuales se basaron los estudios y trabajos de reescritura hallados en sus cuevas.
En tercer lugar, si bien es cierto que existían listas de escritos sagrados que inspiraban y/o normaban al pueblo (cf. 2 Macabeos 15:9, 4QMMT 95-96, Prólogo de Eclesiástico 2), es un anacronismo entenderlos en términos de “canon” o de “Biblia”, conceptos que son muy posteriores al tiempo en los que se compusieron estos escritos y, aunque, posteriormente, con muchos puntos en común, serán conceptos que tendrán variantes según el grupo religioso y las creencias personales. Por otro lado, las listas de escritos normativos y de inspiración para la fe del pueblo israelita no se circunscribieron a los escritos que más tarde formarían la Biblia Hebrea, sino que incluyó otros escritos que fueron tan o más apreciados que aquellos. Por último, la relación entre los escritos que formaron el canon hebreo y la denominada Literatura Pseudoepígrafa no fue de pugna. Más bien, reflejan cierta veneración y respeto de estos últimos hacia los primeros. La reinterpretación de una enseñanza es innata a la acción de conocer. No hay forma de comprender y aceptar una información recibida fuera de la acción de interpretarla y actualizarla. Las formas de hacerlo pueden variar, y aún en las varias formas de hacerlo se pueden contemplar vocaciones diferentes con relación al texto, oral o escrito, que inspiran las actualizaciones: la reescritura de un nuevo texto, la identificación con una historia y sus personajes a través de la cita de un texto que inspira, la inclusión de pequeñas modificaciones a la posible fuente escrita, “variantes” que enriquecen, corrigen o actualizan el mensaje del texto, etc., reflejan la alta estima que tuvieron los compositores de la Literatura Pseudoepígrafa hacia aquellos escritos que formarían la Biblia Hebrea. Esta práctica de actualización de los textos sagrados tampoco fue exclusiva de la Literatura Pseudoepígrafa. Se puede ver claramente en los mismos escritos “bíblicos”: el Deuteronomio lo hace del Éxodo de Reyes; 2 y 3 Isaías de 1 Isaías, etc. Observar estos datos no atenta contra la importancia teológica del canon hebreo, pero sí presenta el desafío de repensar lo que entendemos por canon o libros sagrados, y esto al reconocer –como una práctica académica y/o espiritual– la evidencia que los mismos escritos aportan. En este sentido, la Literatura Pseudoepígrafa enriquece mucho y en muchos aspectos la comprensión de los textos canónicos. La hermenéutica bíblica debe de ser consecuente con la historia de los escritos, con la relación que tuvieron con su mundo, con su existencia en medio de la población, y será importante tener todo esto presente para no hacer desaparecer la identidad del texto y su autonomía por el subjetivismo y por el literalismo en el ejercicio de la interpretación. Cuando se toma en cuenta todo esto, se valora el texto en el ejercicio del diálogo, se respeta al texto como entidad con la cual se interactúa, y se tienen más herramientas para evitar la desaparición del texto como un otro con el cual se interactúa.
Características generales
Una nota no menor respecto a esta literatura es que, en la mayoría de sus casos, las versiones “completas” que se tienen de ellas, no son versiones en el idioma en el que fueron compuestas sino traducciones al griego, al etiópico, al siríaco, al latín o a idiomas eslavos. La mayoría de estos escritos se conservaron en comunidades cristianas y hubo inclusiones y modificaciones del texto, en algunos casos importantes. Inclusive hay quienes consideran que algunos de estos escritos podrían haber sido compuestos por cristianos basándose en personajes y/o viejas tradiciones judías. Con todo, la posición que tiene mayor consenso es que se trata de escritos judíos antiguos que fueron modificados en algunos puntos por los cristianos quienes vieron en ellos escritos de edificación. La ausencia de suficientes copias o de las versiones en los idiomas originales hace que el estudio exegético e histórico con respecto al tema de su origen tenga muchas limitantes. Entre los Textos de Qumrán se han encontrado copias de varios de estos escritos demostrando su antigüedad y, cuando ha sido posible, la fidelidad de las traducciones posteriores.
Respecto a la historia de la composición de estos escritos, es probable que muchos de los contenidos, como sucede también con los escritos bíblicos, hayan tenido una génesis y difusión oral. Se trata de sociedades en las cuales las tradiciones religiosas se transmitían verbalmente de generación en generación, y que a través de personas e instituciones facilitaban la memorización y la transmisión. Si bien es cierto que este proceso no debe aplicarse a todos y cada uno de los escritos, la evidencia literaria señala que los escritos narrativos, y las poesías y cánticos, por ejemplo, podrían tener sus orígenes dentro de la cultura oral. Aun en el caso de textos basados en la relectura de otros escritos probablemente pudieron tener sus comienzos en espacios de transmisión de las tradiciones religiosas como las casas de estudio, el hogar, las festividades religiosas, los eventos conmemorativos, etc. Las historias debieron generarse y enriquecerse entre los sabios/as y ancianos/as que compartían sus enseñanzas con estos relatos. La imagen de una persona aislada en una habitación creando de la nada y a solas estas historias parece estar muy lejos de la realidad histórica cultural. Aún el trabajo de escribas tuvo como matriz las prácticas culturales de narrar, dialogar en comunidad, oír preguntas y levantar puntos de vista diversos. La vocación de actualizar las enseñanzas recibidas y velar por su pertinencia fue una perspectiva que estaba fundamentalmente relacionada a la acción de copiar un texto, una visión que hoy resultaría para muchos como “ilegítima”, pero que en los judaísmos de aquellas épocas estaba comprendida en la labor de alguien que se dedicara a enseñar las Escrituras.
Visto lo anterior, es probable que las reinterpretaciones de Génesis y de Éxodo que hace Jubileos no procedan exclusivamente del trabajo exegético de los textos escritos, sino que sean el resultado conjunto con la actualización de las historias narradas y que se suscitaban en las actividades orales antes señaladas. Esto explicaría en parte algunas similitudes y divergencias con los datos aportados por Jubileos, así como también, ayuda a comprender ciertas variantes y actualizaciones sin que todo el peso recaiga en la creatividad de autores/as y escribas. La búsqueda por darle pertinencia a los textos sagrados llevó a la práctica de la reescritura. A los escritos producto de esta actividad hermenéutica se les denomina Rewriting Bible o Rewritting Scriptures. Esta designación no es muy precisa y encierra un gran espectro de escritos y prácticas. En las últimas décadas los escritos que más han ocupado la atención de los especialistas en Literatura Pseudoepígrafa son estos. Las razones son diversas; una de ellas es que con la ayuda de métodos comparativos se puede conocer con cierta precisión las modificaciones al texto fundante y, por ello, deducir las perspectivas teológicas que acompañaron tal proceso de interpretación. Del mismo modo, con dicho estudio se puede observar la visión que se tuvo del escrito sagrado. Las modificaciones reflejan la idea de un texto sagrado sujeto a actualizaciones, manifiestan cierta libertad hacia éste y con el que los estudiosos se aproximaron para interpretarlo y actualizarlo. En cierta forma, también muestran la relación entre las tradiciones orales y las escritas en tanto que en la Literatura Pseudoepígrafa se puede ver la fusión de ambas tradiciones en nuevos escritos. Si se considera a los Pesharim de Qumrán como escritos afines a los Pseudoepígrafos, se puede decir que hubo quienes pensaron que dichas interpretaciones tuvieron un carácter divino al proceder de Dios mismo.
Como ilustración de lo dicho hasta aquí, se describirá la metodología de interpretación y actualización que siguieron los escritos denominados Rewritten Bible. En esta descripción más detallada se podrá observar con detalle algunas prácticas interpretativas que se pueden ver presentes en otros escritos contemporáneos, como por ejemplo en los libros del Nuevo Testamento:
1. Se inspiran en historias y/o textos fundantes, en muchos casos, tomados de las escrituras sagradas. No se ha hallado reescritura de cada texto actual de la Biblia, aunque sí de gran parte de ellos. Es posible que se pusieran por escrito a manera de “reescritura” textos orales de larga data y amplia influencia.
2. Vinculado a lo anterior, una de las características de estos escritos es que no se presentan como un “comentario” del escrito sagrado del que se basan, sino que constituyen un nuevo escrito. Esta característica es muy valiosa porque refleja la visión y relación, hasta al menos el siglo II d. C., que muchos grupos religiosos tenían con los escritos que más tarde conformarían la Biblia Hebrea, incluyendo a los grupos cristianos originarios.
3. Por lo general, los nuevos textos que componen siguen la misma secuencia lógica y cronológica de los textos en los que se basaron. No se trata de una reescritura de los textos “bíblicos” completos, sino de una selección de partes que posiblemente consideraron centrales al relato general, o bien, importantes para lo que querían enseñar en el propio contexto.
4. Relacionado al punto 2, uno de los limitantes para interpretar a estos escritos es que, al ser reescrituras y no comentarios, no se detienen a explicar el por qué ni el cómo del método de interpretación y actualización usado. Esto conlleva a que se requiera un amplio conocimiento de las viejas tradiciones “bíblicas” para discernir, tanto las modificaciones, como la novedad del mensaje que se presenta.
5. Hacen uso de tradiciones no “bíblicas” y recurren a fuentes no “bíblicas” para componer sus nuevos escritos. No se trata, entonces, de una mera actualización con “añadiduras” surgidas de los/as compositores/as, sino que se trata de una fusión de tradiciones y fuentes que posiblemente fueron tenidos en alta estima al punto de poder unirse a los –otros– escritos sagrados en un nuevo escrito. Esto último explicaría que libros como Jubileos, Enoc o el Rollo del Templo tengan un carácter sagrado y normativo. Sólo ocasionalmente se puede conocer la fuente escrita en la que se basaron. Por lo general, se carece de tal, como sucede también con las referencias a otras fuentes que se mencionan en la Biblia Hebrea.
Puntualmente, la técnica de reescribir la Biblia incluye: actualizaciones de lugares, de nombres, de las secuencias cronológicas y de terminologías. Del mismo modo, amplía los textos incluyendo en algunos casos datos que ayudan a la comprensión de las historias y que las hacen pertinentes. También se da a menudo que la reescritura amplía o cambia la personalidad de personajes centrales y muy conocidos. Así, por ejemplo, pueden verse ciertos cambios en los relatos del Testamento de Job en el que se presenta a este personaje y a su esposa de forma muy diferente a la que se conoce en el libro sapiencial de la Biblia Hebrea.
Un punto muy importante es que estos recursos hermenéuticos y exegéticos usados en los Rewritten Bible se suelen hallar también en otros géneros literarios de los Pseudoepígrafos. Por la diversidad de procedencias de estos escritos se puede decir que las metodologías usadas tuvieron mucha difusión entre los grupos y la población del Segundo Templo. Sería extraño pensar, por lo tanto, que no fueran usados en los escritos del Nuevo Testamento, especialmente aquellos que proceden más cercanamente de la tradición judía.
Literatura Pseudoepígrafa y Nuevo Testamento
La influencia de la Literatura Pseudoepígrafa fue muy importante en la composición de los escritos que formaron luego el Nuevo Testamento. Esta influencia se dio en varios niveles: el literario, el sociocultural y el teológico. Para encontrar la presencia e influencia de esta literatura, se recurrió inicialmente a la búsqueda de citas literales y alusiones, así como también al uso de términos propios de esta literatura. Investigaciones más recientes han encontrado que la influencia fue también temática y estructural. Por ejemplo, C. A. Evans desarrolló toda una lista de escritos que podrían haber influido de una u otra forma en los textos del Nuevo Testamento. La extensión de la presencia de citas, referencias, de usos temáticos y de tópicos es mucho mayor de la que le atribuyeron investigadores que, al parecer, encontraron en la ausencia de citas a la Literatura Pseudoepígrafa, y por otro lado, en la abundancia de citas o referencias a textos “canónicos”, una evidencia de que el corpus de estos últimos era diferenciado de los otros escritos ya a principios del siglo I d.C. Cabe señalar que tampoco son citados en el Nuevo Testamento: Ester, Eclesiastés y Cantar de los Cantares.
La evidencia que hay de la presencia e influencia de la Literatura Pseudoepígrafa en el Nuevo Testamento señala la necesidad de desarrollar una hermenéutica contextual que incluya el diálogo con los Pseudoepígrafos. Con ello se podrá conocer mucho mejor el mundo religioso, social, político y cultural en el que se desarrollaron los textos bíblicos. En vista que la influencia de la Literatura Pseudoepígrafa en el Nuevo Testamento se puede percibir en varias formas, es probable que tal influencia se suscitara a través de tradiciones religiosas orales. Las estructuras con las que se desarrollaron las narrativas y las creencias neotestamentarias, los símbolos, los gestos corporales, las dinámicas grupales, la imaginería teológica y literaria, entre otros, estuvieron vinculados por las tradiciones religiosas orales recibidas por lo que hoy se conoce como Literatura Pseudoepígrafa. La misma evidencia que aportan los escritos neotestamentarios señala su familiaridad con este literatura, así como también, con el hecho de que, como es en el caso de los Evangelios y el libro de Hechos, no se trató de meras crónicas “exactas” o recopilaciones que narraron al pie de la letra el acontecimiento Jesús de Nazaret, sino que en el proceso de transmisión se dio también la interpretación de dichas enseñanzas, historias y acciones siguiendo la comprensión que tenían de ella desde el mundo religioso del que formaban parte. Por ello, la presencia de otras tradiciones fue posible y, dicho de otra manera, fue imprescindible para conocer a Jesús y transmitir sus enseñanzas. Desde el punto de vista literario, así como también desde la antropología cultural, pretender rastrear la influencia de los Pseudoepígrafos en el Nuevo Testamento básicamente por su presencia a través de citas textuales es un error metodológico. En las últimas décadas se han realizado varias publicaciones respecto a la vinculación entre esta literatura y el Nuevo Testamento que arrojan resultados más precisos sobre la relación entre ambos.
Por poner algunos ejemplos de la relación entre ambos corpus, mencionaremos algunos libros y textos en los que se puede ver la presencia de contenidos comunes, o aún la influencia de escritos y tradiciones orales de esta literatura y sus tradiciones religiosas. El Apocalipsis de Juan es un escrito que, dicho por la gran mayoría de investigadores, tiene una gran influencia de la apocalíptica judía del Segundo Templo. Esta influencia fue tanto teológica como literaria, como es evidente en el desarrollo de la imaginería que es característica a esta tradición. Son herencia teológica de la apocalíptica judía en el Apocalipsis: la visión teológica sobre la muerte y la resurrección, las perspectivas sobre el testimonio y el sufrimiento, la visión de la historia y el fin de los tiempos, la idea de un juicio final, el castigo y la recompensa, del mismo modo que la visión del enfrentamiento de Dios y sus ángeles contra el Diablo y sus seguidores, la visión dualista entre el bien y el mal, la necesidad de una revelación divina mediada por los ángeles, su visión política sobre el sufrimiento causado por los imperios y sus culturas, entre otros.
Uno de los textos del Nuevo Testamento que refiere a contenidos que están reflejados en los Pseudoepígrafos es la Epístola de Judas, escrito que en su momento fue objeto de debate sobre su canonicidad en vista a las citas que contenía de Literatura Pseudoepígrafa. Según Orígenes, en Judas 9 se cita el escrito La Ascensión de Moisés en el que se menciona la disputa de Miguel y el Diablo por el cuerpo de Moisés. Lamentablemente, en la actualidad no se cuenta con una versión completa del escrito mencionado, pero esta vinculación afirmada por el Padre de la Iglesia es probable en tanto coincide con las creencias de la época. Otra posibilidad es que tanto Judas como Ascensión de Moisés siguieran una tradición en común que, inclusive, pudiera haber llegado a estos escritos de forma oral y que fuera conocida por los oyentes-lectores. De modo semejante, Judas 12-13 tiene una estrecha relación con 1 Enoc 80:2-8, texto en el que las imágenes usadas en Judas aparecen en el mismo orden y con un uso semejante. También existen semejanzas con 1 Enoc caps. 2-5. Lo más probable es que tal influencia no se limitara a una dependencia escrita y, por lo tanto, que no se tratara de una cita textual, sino que fuera una relación literaria o narrativa oral en la que quien compuso Judas siguió tradiciones religiosas que eran referentes y de significación para sus lectores/as-oyentes.
La alusión en Judas 14-15 es mucho más explícita: “De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: ‘He aquí, el Señor vino con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y condenar todos los impíos de todas sus obras impías que cometieron impíamente, y de todas las duras cosas que hablaron los pecadores impíos’.” Este texto parece hacer alusión a 1 Enoc 1:9, “He aquí que llegará con miríadas de santos para hacer justicia, destruir a los impíos y contender con todos los mortales por cuanto hicieron contra él los pecadores e impíos” con el cual tiene evidentes similitudes en cuanto a perspectivas teológicas y de terminología. La referencia de textos de 1 Enoc por parte de Judas está vinculada a una identificación teológica que representa, además, una práctica de hermenéutica contextual. Por la brevedad de la carta es difícil conocer el contexto social en el que se escribió, pero se pueden conocer algunas características del escrito que, sin duda, expresan una relectura de textos de 1 Enoc en un contexto de adversidad y tensiones internas. Con relación a lo dicho hasta aquí, es sabido que en los primeros siglos de la era cristiana los escritos de Enoc tuvieron amplia aceptación y difusión. No solamente Judas, sino también otros escritores cristianos citaron sus escritos. 1 Clemente 20 parece seguir a 1 Enoc 2-5, y el Apocalipsis de Pedro claramente depende de este libro. De forma muy particular, la Epístola de Barnabás cita a Enoc de la misma manera en la que cita a otros escritos normativos. Usa la expresión: “Está escrito…” (Barnabás 4:3; 16:6), así como también: “Como está escrito…” (Barnabás 16:5).
Un caso particularmente llamativo es el del libro de Hechos de los Apóstoles. Están quienes afirman que la estructura y el argumento del libro está influido por pensadores clásicos grecorromanos. Un estudio más detenido, sin embargo, demuestra que el libro se inspira fundamentalmente en textos religiosos normativos de la tradición judía como sucede, por ejemplo, con el sermón de Pedro en el capítulo 2 y el libro de Joel. En este contexto, se puede apreciar que existen muchos paralelos con los escritos que hoy son denominados Pseudoepígrafos. Los paralelos incluyen citas y alusiones, paralelos temáticos y de lugares e imágenes. El reconocido investigador Craig A. Evans hizo una larga lista de posibles paralelos de textos de Hechos con escritos de la Biblia Hebrea, los Deuterocanónicos, la Literatura Clásica Grecorromana, escritos judíos como los Midrashim, Mishnah, y escritos como los de Flavio Josefo y Filón de Alejandría. Algunos de los textos catalogados como Pseudoepígrafos son: 1 y 2 Enoc, Testamento de los XII Patriarcas, Testamento de Job, Testamento de Rubén, Jubileos, Salmos de Salomón, Testamento de Moisés, Oráculos Sibilinos, Apocalipsis de Moisés.
Se podría seguir con otros libros del Nuevo Testamento como los Evangelios Sinópticos, los escritos paulinos y los petrinos. En todos ellos se encuentran motivos en común, uso de imaginería establecida en la población y el discurso teológico, perspectivas teológicas en común, como puede observarse en la teología sapiencial y en la apocalíptica. Los estudios respecto a estos temas reflejan que los escritos del Nuevo Testamento no sólo fueron contextuales, sino que, a la luz del acontecimiento Jesús de Nazaret y el de la iglesia naciente, vincularon su fe recibida con estos hechos y enseñanzas. Parte de su tradición la formaba lo que hoy se registra en la Literatura Pseudoepígrafa. Claro está, hubo diversidad de vínculos con estos escritos. En algunos casos los citan o se muestran muy cercanos, como sucede con Judas o 1 y 2 Pedro que son influidos por el Libro de los Vigilantes (1 Enoc 1-36), en otros casos se puede ver una influencia teológica como en el Apocalipsis de Juan, y en otros casos aislados y comunes como el Libro de los Hechos.
Aportes de la Pseudoepígrafa
Cómo puede apreciarse por lo visto hasta aquí, los aportes de la Literatura Pseudoepígrafa a las hermenéuticas bíblicas contextuales son grandes, y se dan en diversas áreas y niveles. El texto bíblico como tejido de relatos, de acontecimientos, de personajes activos y pasivos envueltos en tensiones sociales, en silenciamientos, entre otros, requiere de un amplio conocimiento del mundo en el que se gestó. Es este, quizás, el aporte más visible y mencionado de la Literatura Pseudoepígrafa a los estudios bíblicos contextuales, es decir, el aportar un mayor conocimiento del mundo israelita y judío entre los siglos III a. C. y II d. C. Estos escritos aportan información que llenan importantes vacíos en cuanto a la historia y la sociología de las creencias de los cristianismos originarios. Gracias a esta literatura es que se puede entender mejor las creencias en endemoniados y de demonios en el Nuevo Testamento, por ejemplo. Del mismo modo, gracias a ellas puede entender el aprecio por los textos sagrados y la importancia de citarlos o hacer referencia a sus enseñanzas. El proceso en el que los textos sagrados ocuparon un lugar central en la vida del pueblo judío se puede apreciar en la Literatura Pseudoepígrafa. Esta creencia ya se encuentra instalada en la población en tiempos del Nuevo Testamento. Así, se puede entender más el ministerio y las bases de la visión mesiánica de Jesús a la luz de la práctica de reinterpretación de los textos proféticos del Antiguo Testamento que, gracias a la Literatura Pseudoepígrafa, puede conocerse en su propio contexto mucho mejor.
Un segundo aporte, precisamente, y más relacionado a las hermenéuticas contextuales latinoamericanas, es que la Literatura Pseudoepígrafa ha resaltado la importancia que tuvo en las comunidades nacientes el estudio y profundo conocimiento de las tradiciones religiosas del pueblo. No se trató de un mero trasplante de creencias del pasado al presente, sino que se suscitó un vivo ejercicio de reinterpretaciones y actualizaciones de los textos y las tradiciones sagradas heredadas. Para la labor hermenéutica es importante advertir el valor simbólico y espiritual que tuvo este hecho. Aunque no fuera más que un dato histórico y cultural, inspira a repensar la práctica de la interpretación bíblica como fundamentalmente contextual, como relectura en búsqueda de la pertinencia y de la vitalidad de la vida de fe. Estos escritos fueron compuestos para alimentar la fe y la praxis histórica del pueblo. El acercamiento a y actualización de dichos textos comprendió un compromiso de vida con lo que dichos textos enseñaban. Se trató de un círculo hermenéutico que comprendió una lectura de su mundo, la relectura de las tradiciones religiosas en base a la creencia en un Dios vivo, la actuación en la transformación de la realidad desde la composición de nuestros escritos y otras prácticas –como la existencia de la comunidad de Qumrán lo refleja. Severino Croatto lo afirmó en su momento respecto a la literatura apocalíptica. Esta representa una perspectiva histórica y teológica que surgió desde la praxis del pueblo sufriente involucrado en el proceso de liberación y de vida plena. El Nuevo Testamento refleja una fuerte influencia de la apocalíptica y contiene muchos más textos apocalípticos que el mismo Antiguo Testamento.
Si hay una discusión sobre el valor y la legitimidad de las hermenéuticas contextuales, la Literatura Pseudoepígrafa expresa con naturalidad hermenéuticas de actualización de los escritos y tradiciones sagradas. La contextualización no es presentada como una opción, sino como la manera de conocer y de conservar la pertinencia de las enseñanzas de Dios. Este es su tercer aporte. El genio del Nuevo Testamento se puede apreciar más profundamente cuando se observan los diferentes métodos y prácticas interpretativas que usa. Muchos de estos métodos pasaron desapercibidos por su sutileza, pero también, porque hasta que no se profundizó en los estudios de la Literatura Pseudoepígrafa –y de los Textos de Qumrán– no se contó con escritos con los que se pudiera hacer comparaciones al respecto. Es evidente que estos métodos fueron practicados en común por el pueblo judío de la época, con diferentes énfasis y especificidades. Están quienes afirman, con un claro perfil ideológico, que entre Malaquías y Juan el Bautista hubo un período de “silencio” divino de 400 años. Esta perspectiva se ve reflejada en los estudios bíblicos neotestamentarios que al buscar las fuentes de referencia de las enseñanzas vertidas en los textos saltan intempestivamente a las del Antiguo Testamento, es decir, ignoran toda la mediación hermenéutica, histórica y teológica que reflejan los mismos textos neotestamentarios con relación al mundo religioso en el que surgen. En el Nuevo Testamento se puede ver la clara influencia de la LXX, o bien de relecturas de textos que se conocen por el TM, pero también se puede apreciar los puntos en común, por ejemplo, con los targumim o con escritos catalogados como Rewriten Bible. Es probable que muchas de las referencias a tradiciones religiosas en cuanto a sus enseñanzas, acontecimiento y personajes, procedieran de memorias orales reinterpretadas y no, precisamente, a escritos del Antiguo Testamento. Algunas de estas reinterpretaciones las conocemos gracias a la Literatura Pseudoepígrafa, lo cual hace que los estudios de estos escritos sea vital para entender e interpretar el Nuevo Testamento, así como también, para la apertura a los métodos actuales desarrollados en las hermenéuticas narrativas y las del genitivo.
Un cuarto aporte es que se ha observado la gran complejidad del Nuevo Testamento, tanto del mundo religioso que refleja, como en su composición y sus enseñanzas. La compilación de estos escritos en un corpus llamado Nuevo Testamento no puede ser más visto como un acto sencillo y lineal, sino como un hecho dialogal y plural dentro de un marco genérico de referencia. Lo que antes no se advertía –o se quiso pasar inadvertido– hoy es casi imposible no hacerlo. La Literatura Pseudoepígrafa –también la de Qumrán y la de Nag Hammadi– ha hecho que los estudios bíblicos se vuelvan más ricos, y por ello también, más complejos y diversos. Si por razones misionológicas existió la tendencia a estudiar las Escrituras de forma instrumental y básica como para compartir un mensaje pre-establecido de evangelización, cada vez es más difícil la difusión de un mensaje empaquetado y simplista ante un conocimiento cada vez más difundido sobre el mundo religioso del Nuevo Testamento y, particularmente, de Jesús.
Definitivamente, uno de los puntos más controversiales se puede apreciar en el tema del significado histórico y hermenéutico del Canon Bíblico. Los textos Pseudoepígrafos han abierto muchas puertas para repensar el tema del canon y su relación con las interpretaciones contextuales. La interpretación literalista suele ignorar que las Escrituras son una producción humana –donde el escrito es inspirado (cf. 1 Timoteo 3:16)–, histórica, pero también que el sujeto que lee el texto es un ser situado en el mundo. Cuando se piensa en el Canon Bíblico, y conforme los aportes que dan de este la Literatura Pseudoepígrafa, debe pensarse cronológicamente y con la idea de diversos procesos según lo que los diferentes grupos religiosos entendieron por “escritos sagrados”. Posiblemente hubo cierta convivencia con escritos que fueran considerados sagrados en otros grupos. En otros casos quizás hubo posturas en los que consideraron solamente en estos escritos, y además solamente de forma escrita, como Dios se reveló.
La concepción de canon es posterior a la composición de muchos de estos escritos, no tiene antecedentes tampoco. Lo que hubo fue listas de escritos considerados como sagrados. No se puede afirmar categóricamente y para todos los casos, como, por ejemplo, en la Comunidad de Qumrán, que tales listas fueran excluyentes y cerradas. Para ser honestos con el texto, es importante hacer una distinción entre lo que en esos tiempos se concibió como escrito sagrado, como revelación escrita u oral y como inspiración. La concepción de canon como un grupo de escritos inspirados y excluyentes parece responder a otra época y a otros conceptos ajenos aún a los del período del Segundo Templo. Las hermenéuticas contextuales pueden encontrar en la composición de listas de escritos sagrados testimonios de radicalidad en ciertos casos, en otros de diálogo, pero también, ejemplos de sana coexistencia de puntos de vista sobre la fe y la vida diferentes. La visión actual del canon como grupo de escritos excluyentes y discriminatorios de otras formas de pensar y actuar parece ser lejana a estos escritos.
Palabras finales
Las prácticas de las hermenéuticas bíblicas contextuales tienen un enorme aporte en la Literatura Pseudoepígrafa que, por otro lado, no ha sido explorado ampliamente. Por ejemplo, los estudios desde los análisis sociopolíticos de estos textos enriquecerían mucho más el conocimiento, desde las mismas perspectivas de análisis, las lecturas sociopolíticas del Nuevo Testamento.
Conocer esta literatura aporta una visión mucho más rica y extensa de la literatura canónica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
Reconocer los vínculos de esta literatura, así como también de las tradiciones religiosas que traen consigo, enriquece el conocimiento sobre las prácticas interpretativas que se desarrollaron en el Nuevo Testamento.
Esto último, para algunos, podrá servirle de legitimación para prácticas actuales de interpretación bíblica. En otros casos, servirá de un antecedentes histórico y teológico que generará un margen de discusión más amplio que el que se sostiene en algunos espacios respecto a: versiones actuales de la Biblia y su legitimidad, sobre el diálogo con otros escritos sagrados, sobre la inspiración de la Biblia y sus concepciones, sobre la legitimidad de los diferentes actores en la labor de interpretación de las Escrituras, entre otros.
La diversidad religiosa, social y política que se conoce de los judaísmos del Segundo Templo por medio de esta literatura, replantea el lugar desde el cual las hermenéuticas contextuales deben de desarrollar sus propias prácticas. En ciertos casos, el diálogo se ha abierto sólo hacia espacios semejantes; en otros, inclusive, se han notado ciertos rasgos fundamentalistas de quienes supuestamente entendieron su progresismo como la superación de acciones autoritarias y absolutistas.
Ante el riesgo de caer en un pragmatismo en el desarrollo de las hermenéuticas bíblicas contextuales, se requiere un buen tiempo de quietud y observación en el estudio del mundo y de las hermenéuticas del Nuevo Testamento bajo los aportes de la Literatura Pseudoepígrafa.
Los espacios educativos teológicos latinoamericanos, especialmente aquellos que ofrecen programas de especialidad en Sagradas Escrituras, tienen en estos tiempos una gran oportunidad para ampliar-profundizar los currículos de sus programas con cursos puntuales orientados a la Literatura Pseudoepígrafa.

Es Licenciado en Tecnología Educativa por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Argentina. Es Licenciado y Máster en Teología del Seminario Internacional Teológico Bautista
de Buenos Aires. Es Doctor en Teología con especialidad en el campo de Biblia por el Instituto Universitario ISEDET, Buenos Aires. Director de Bíblica Virtual.
Actual Secretario Ejecutivo de la FTL.
Nota: Este artículo fué subido a la página de la FTL el 21/01/26
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