
Elizabeth Conde-Frazier
Latinoamérica se mueve hacia Estados Unidos, se planta y renace en la diáspora. Son varias generaciones las que se mueven y que nacen en la diáspora. La primera generación es de los que tienen 18 años o más. Estas son personas ya consideradas adultas cuya formación ha sido en el país de origen. Esta generación sólo va a adaptarse al nuevo ambiente, mayormente verán las cosas por el lente formativo de su país. La otra generación está formada por los que se mueven teniendo de 6 a 17 años. Son considerados la generación 1.5. Estos son los que hacen en sus vidas una combinación de su formación en el país de origen y en la diáspora. Son considerados los de la generación puente entre la primera y la segunda generación. Y, por último, en la segunda generación están los que llegan antes de los 6 años o nacen en la diáspora. Esta es la generación que se forma mayormente en la diáspora y no sienten la misma conexión con el país de origen. Miran siempre hacia adelante sin conocer lo que antes fue.
En la iglesia esta generación se encuentra y se informa indirectamente de las otras generaciones sobre lo que es el país de origen, sus costumbres y valores. A veces esas cosas tienen sentido, y otras veces, no. Ellos necesitan más apoyo para navegar en su sentido de identidad entre las dos culturas. Son híbridos. Van leyendo y buscando quienes son ellos en las narrativas bíblicas. Buscan las historias que puedan ir contestando a sus preguntas y agonías internas al enfrentarse a un mundo que sus padres no conocen. Ellos ayudan a sus padres a navegar en el nuevo mundo, pero no hay quien les guíe a ellos.
La segunda generación busca sus raíces, pero a la vez deshecha lo que no parece ayudarles a progresar en el nuevo mundo donde se espera que ellos lleguen más lejos que sus padres. Hay un costo para todos en esta dinámica.
Orlando Costas insistía en el diálogo entre Latinoamérica y la diáspora. La diáspora es Nepantla, el concepto usado en la antropología chicana, literatura, arte y teología Latina de Estados Unidos. Representa al concepto de lo que es el entre medio, entre dos fronteras o espacios liminares. Gloria Anzaldúa, profesora de la teoría cultural chicana, feminista y teoría queer, deriva del concepto Nepantla, palabra Nahuatl, la idea de la conciencia mestiza para describir el movimiento constante entre dos culturas. El teólogo católico Virgilio Elizondo comienza a hacer teología mestiza llamando la atención en Jesús como producto del exilio donde se mezclaba el hebreo con el griego formando el Arameo. Hace una comparación con el uso del Spanglish entre los de la segunda generación.
Estaré examinando algunos aspectos de la hermenéutica de la segunda generación en la diáspora- en el entre medio (los de 1.5 y 2da generación). Para esto describiré brevemente algo del contexto de la realidad de esta generación. También explicaré cómo es que la liturgia, en específico los cantos en el culto de adoración, ayudan a definir y a confirmar la lectura de la palabra y, por último, cómo es que la lectura de la palabra se relaciona con la teología o doctrinas de la iglesia y con el trabajo del Espíritu Santo. Por favor, tomen en cuenta que la comunidad en la diáspora es muy diversa y yo estoy tomando una porción de esta realidad como ejemplo de una expresión pequeña de un entorno más grande de esta diversidad. Escojo estos ejemplos porque han sido estos grupos los que más se han expresado.
La segunda generación somos aquellos que hemos nacido en la diáspora. No conocemos el país de origen de nuestros padres y abuelos sino por segundas manos, por las memorias de ellos. La segunda generación no ha tenido la oportunidad de aprender el primer idioma de sus padres formalmente mientras que ha estado rodeada del inglés. Algunos se incorporan a la cultura dominante, otros aprenden a navegarla siempre sintiéndose como los de afuera, los arrimados. En la iglesia, quizás, han aprendido algunos versos de memoria en español o algunos cánticos, pero al ir creciendo ya escuchan más en inglés, y los sienten en sus corazones así. Su forma de conocer a Dios es una mezcla de todas estas cosas.
¿Cómo leen entonces las escrituras? Mencionaré dos lentes por los cuales las leen: el lente de la honestidad y el de la justicia social. El lente de la honestidad es el de no romantizar las historias, el de leer en forma completamente humana sin dejar afuera los secretos. Se invita a Cristo a entrar en las historias para poder abrirlas lo cual incluye el que Cristo les ayude a abrir sus propias historias aún con sus traumas.
El trauma es un choque o impresión emocional muy intenso causado por algún hecho o acontecimiento negativo que produce en el subconsciente de una persona una huella duradera que no puede o que tarda en superar. Una persona puede experimentar un trauma como respuesta a cualquier evento que encuentre física o emocionalmente amenazante o perjudicial. Los padres de la segunda generación pasan mucho tiempo en la tarea de sobrevivir; los jóvenes no comparten sus vidas cotidianas con ellos. Cuando un joven experimenta alguna situación difícil la pasa solo/a. Hay elementos de lo cotidiano que simplemente se acumulan dejando huellas difíciles de sanar en sus vidas. Estas son cosas como la pobreza, la discriminación, el racismo, la violencia en sus comunidades, cosas que no se pueden tocar pero que se sienten todos los días, como la tristeza de sus padres por haber salido de sus países y lo que sufren por su estatus en el país. Estos son los secretos de todos en la inmigración. Dolores, lamentos sin mencionarse, las cosas que se mueven en el silencio de sus vidas frente a los unos y los otros. Pero estas también son las cosas por las cuales se corta la tela de los llamados a servir a Cristo. De lo que supura de las heridas, sale el llamado y un conocimiento único de cómo ministrar a otros que también sufren del mismo mal. No tan sólo el llamado sino cómo la palabra de Dios informa ese llamado. Las historias de compasión de Jesús son narrativas que se miran con los lentes de las heridas, se mira la esperanza y las formas de sanidad.
El lente de la honestidad abre las historias bíblicas, y plenamente articula las experiencias de los personajes y cómo Dios se mueve entre ellos. Este lente articula la honestidad de una confianza en Dios muy vulnerable para llamarse fe. Es más bien lucha de fe, lucha con un Dios que se les presenta de una forma, pero se siente de otra y nadie se atreve a decirlo. Por ejemplo, al leer la historia de los esclavos egipcios no se enfocan en la historia del rescate sino en el detalle de que pasaron cuatrocientos años antes de que Dios contestara. ¿Qué ocurrió durante ese tiempo, por qué la espera, que clase de amor es ese? Esto permite que cada cual identifique sus propias experiencias donde no parece que Dios está presente. ¿Qué hacer cuando se desea creer y no nos atrevemos porque no sabemos si eso nos trae desilusión de fe? Esto es la lucha de una fe que busca más que lo que las doctrinas y lo que siempre se dice para apaciguar al que duda sobre las cosas que nos han dicho.
Este tipo de lente cuestiona a Dios; algo así como Abraham cuando entró en diálogo por la noticia de que Dios destruiría a Sodoma y Gomorra. Pero también es un diálogo contestón, quizás considerado irrespetuoso. Porque no viene desde un lugar de sometimiento sino de un espíritu de protesta, de lucha con Dios que le cuestiona a Dios sus hazañas. Esto viene porque esta generación ha tenido que sospechar de la buena voluntad de todas las agencias e instituciones con las que trabajan día a día para poder sobrevivir. Las personas que les atienden, las políticas institucionales que rigen sus vidas no han sido hechas para acomodar o para sostenerles; son los de esta segunda generación los que han tenido que cuestionar a las autoridades. Por esta razón, cuestionan también a Dios, pero con la esperanza de que Dios sea distinto a estas otras figuras de autoridad. Están probando la buena voluntad de Dios para entonces poder anclar su fe en Él. Las escrituras abren el diálogo con Dios, le dan otro medio de comunicación, les da razón de esperar en Él mientras que también les hace cuestionarlo.
El lente de la honestidad entra en la duda, las preguntas quedan sin respuesta; y cuando el personaje bíblico como el salmista encuentra la fe, el lector/a busca llegar a un lugar más profundo de fe junto al personaje bíblico. Esta es una fe que ha pasado por el desierto de negación, ira, miedo, tristeza, vergüenza, confusión, ansiedad, depresión, entumecimiento, culpa, desesperación, irritabilidad y hasta dificultad para concentrarse. Todo esto es parte del trauma y del lamento. La Biblia se interpreta a la par con la vida personal diaria.
Esta es una hermenéutica que necesita espacios seguros para leerse – el verdadero sentido del santuario o lugar de refugio. Necesita del Espíritu Santo, de personas que puedan abrir lugares de peregrinaje de fe y que puedan atreverse a leer sin el brillo del evangelicalismo que tiende a defender a los personajes bíblicos en vez de permitir que sus faltas se lean; y a Dios se le escuche en medio de las tramas y limitaciones humanas. Se entiende que Jesús también lucha; Jesús lucha con las autoridades de su propio tiempo. Este leer lleva al lector a lugares de nueva fe y transformación. Es una fe que va descubriendo al Dios que acompaña y al espíritu de verdad que renueva las fuerzas. Las fuerzas no son la magia del triunfalismo, sino que son las fuerzas que surgen cuando nos unimos como comunidad en nuestra vulnerabilidad- son las fuerzas del acompañamiento.
El próximo lente es el de la justicia social. Los jóvenes son los que traducen para sus padres y al hacerlo se enfrentan a los cobradores, los abogados, las entidades de autoridad en las diferentes agencias que controlan la vida de la comunidad latina en la diáspora. Ellos experimentan las injusticias que se encuentran en el camino y resuelven problemas. La injusticia causa tanto misericordia a los injustos y compasión a los agredidos como ira de Dios con los injustos que se rehúsan a escuchar al Dios de la justicia. Cada moneda tiene dos caras. La misericordia de Dios es también el trabajo de su justicia y, a veces, de su ira.
La segunda generación entiende como entrar a los ámbitos donde la generación pasada no ha entendido ni tuvo las herramientas para hacerlo. Ellos han deseado usar su fe para poder dirigirse a las injusticias que viven. Son atrevidos para ir a las protestas porque no han experimentado lo que ocurre en los países de origen cuando se va a una protesta. El contexto de la democracia como se ha expresado en EE.UU. es parte de lo que define este lente. El amor de Dios en sus corazones les constriñe. Son los Moisés, Débora y Ester de nuestra comunidad. Cuando no han sido anclados en una fe, una expresión de iglesia que les permite entrar a los ámbitos de poder para clamar su justicia, entonces la iglesia se puede hasta ver como irrelevante porque no se proclama una fe que se enfrente a las injusticias sino sólo con oración. La oración se usa como una mano mágica de Dios que obra desde afuera y que no invita a la participación de los agredidos. Para los de primera generación esto cobra sentido frente a las barreras del idioma o del estatus que puedan tener mientras que para la segunda generación ellos se han criado enfrentando estas fuerzas diariamente ya sea en formas informadas o disruptivas o pasivas agresivas. Buscan a Dios en medio de estas dinámicas.
No sólo van a protestas, sino que, como profesionales, ven su rol como el de ser agentes de cambio de las estructuras que han experimentado anteriormente como injustas. Las narrativas bíblicas de Jesús y su basileia, como el sermón del monte, el trato de Jesús a los marginados son las que les informan.
Ese lente de justicia les hace cuestionar las injusticias que ven aun en la iglesia y sus estructuras. Es por esta razón que son sensibles a los abusos de poder/autoridad, el pecado de patriarcado en las congregaciones que llevan a otros abusos donde se pasa de la línea. La inclusión es parte de la justicia también. La inclusión se ve por el ejemplo de Jesús quien se movió entre los que estaban al margen. Por ejemplo, los jóvenes suelen mirar el asunto de la inclusión de las personas de la comunidad LGBTQ muy diferente a sus padres. Todos cabemos en la comunidad de fe. El asunto para ellos no es doctrinal sino pastoral. Las narrativas de Jesús se ven por el lente relacional/pastoral de sanidad y aceptación. Esto es la implicación también de que la adoración ha tomado un lugar central en la liturgia. La música refleja la relación con Jesús de amistad y misericordia, no de juicio.
La palabra se lee como parte de la liturgia. La liturgia y lo cotidiano son el contexto de la hermenéutica. La letra de la música es la nueva doctrina y le pone un enfoque particular a la palabra. Este enfoque es parte del lente con el cual se lee. Escuchemos la letra de un canto basado en Lucas 7:37 por el grupo World Worship. El canto es en español y se basa en la historia de la mujer que unge los pies de Jesús. Después de declarar la autoridad de Jesús dice: “Tú eres aquel que sin importar qué, me amas. En tu gran amor ya no hay temor. No importa lo que hago, tú eres soportable, me limpiaste, me salvaste, eres aquel que me llama, me da propósito, a quien todos claman, en tu presencia puedo estar. Quiero estar a tus pies. Tú eres aquel que, sin importar qué, me amas”. Esto se extiende fuera del ámbito personal, es del ámbito pastoral, teológico y estructural de la iglesia. Es lo que hace que para los jóvenes se entienda que la fidelidad de la iglesia a la palabra es la inclusividad porque es parte de la justicia a todos los grupos al margen. Todos somos pecadores destituidos de la gracia de Dios, y todos recibimos de igual manera de la gracia de Dios.
Este tipo de hermenéutica entiende que la autoridad de la tradición/teología no lleva tanto peso porque ha sido resultado de su tiempo. Por lo tanto, se puede criticar, deconstruir y reconstruir. La tradición se puede expandir y profundizar, y no se ve como aquello que define la lectura, sino que se va a la lectura de la palabra con la experiencia cotidiana donde se encuentra el trabajo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo se ve ofreciendo amor, sanidad y salvación. Ese trabajo del Espíritu Santo se confirma con las narrativas de Jesús haciendo igual. El Espíritu y la palabra son congruentes y se expande la tradición para que pueda alinearse con las otras dos. Es una lectura pneumatológica que mira dónde y cuál es el trabajo del Espíritu Santo.
Por lo tanto, esto es una hermenéutica que se relaciona con lo cotidiano, el trabajo sanador y de acompañamiento de Jesús por medio del Espíritu Santo y con la liturgia que define la teología en los cantos. Es hermenéutica que busca una fe auténtica no triunfalista y que entiende que el trabajo del Espíritu Santo señala el camino transformando a la comunidad y su teología por medio de una lectura que lleva a un análisis y discernimiento comunal.
Una lectura de la Biblia que recién comienza dentro de la diáspora es una lectura desde nuestra afrolatinidad. Esta lectura todavía está en su desarrollo. Es una lectura que viene al integrar la espiritualidad y la corporalidad negra en la liturgia con el quehacer teológico. La encarnación es el lente por el cual se mira, pues se hace énfasis en recuperar el cuerpo y lo que se llega a conocer con el cuerpo, sus sufrimientos, la hospitalidad y la experiencia de un encuentro con Dios por medio de la sanidad o adoración donde Dios se manifiesta; o de las experiencias Pentecostales, que se asemejan a las prácticas africanas. La encarnación nos da un lente de compasión. Guesnerth Josue Perea (2022), pastor colombiano viviendo en Nueva York, escribe un ensayo al respecto, dice:
Las experiencias de fe de muchos afrolatinx en el cristianismo; nuestra notable familiaridad con el sufrimiento y los prejuicios, habiendo sido diferenciados racialmente dentro de un grupo cultural, ha incitado, en los feligreses afrolatinos un profundo nivel de compasión a partir del cual opera la fe. Las narraciones bíblicas se ven a través del lente de estas experiencias. Dentro de la experiencia encarnada del cristiano afrolatinx, hay una visión de la justicia y el amor como parte de la práctica de la adoración y la fe. Esta perspectiva permite a los cristianos afrolatinos comprender más fácilmente la misionología de Jesucristo y la iglesia cristiana. Esta idea me ha sido inculcada desde muy joven, la idea de que amar a Dios es amar a las personas, y amar a las personas significa asegurarse de que las personas sean tratadas con justicia.
Vemos cómo el quehacer teológico, la liturgia, la hermenéutica y la espiritualidad están entrelazados y “por medio de ellos el afrolatinx experimenta y es visto por la Divinidad.” La evidencia de una lectura tal la vemos “cuando un predicador afrolatinx refleja una homilética más holística e inclusiva con énfasis únicos y resonantes. Se evidencia a través de muchos aspectos florecientes de una teología afrolatinx, pero todos esos aspectos tienen un propósito singular: permitir que la persona afrolatinx presente el mensaje y la experiencia de su gente”. Esto hace que la lectura bíblica, vista por este lente, haga el balance entre la experiencia del personaje o pueblo bíblico y las vidas de las personas afrolatinx hoy. Para los que no sean afrolatinx, hace que vean la actividad y voz de Dios en medio de contextos donde antes el afrolatinx era invisibilizado por las culturas dominantes de nuestros pueblos y de la diáspora. Quizás esto haga crecer un sentido de consciencia de cómo es que hoy y en nuestra historia hemos excluido y abusado a los afrolatinx en nuestros pueblos y como ellos repitieron esto en otros pueblos que también habíamos objetivizado para poder explotar sus cuerpos y tierra; hoy día han minimizado sus comunidades y aportes culturales y teológicos.
El último lente que quiero abordar es el de la mujer latina evangélica en la diáspora. Incluiré dos generaciones en esta sección: la 1.5 y la segunda. La mujer latina ha aportado grandemente a la formación de la iglesia en la diáspora. Nuestro servicio a través de múltiples dones y tiempo voluntario ha sostenido a la iglesia en la diáspora asegurando que sea un espacio seguro, espacio que nutre y sana las vidas en diferentes edades. La mujer ha sido pionera y atrevida abriendo obras donde nadie se atrevía a ir y, una vez que la obra puede sostener a su pastora, los hombres, entonces, toman las riendas de esta, y excluyen el liderato pastoral de las mujeres. Sin embargo, las mujeres, hacen una lectura pneumatológica de la palabra nuevamente donde los dones del Espíritu son los que dan autoridad a la mujer en su llamado, y los frutos de su ministerio dan evidencia del Espíritu en ella. Los dones son activados por el amor de Cristo que las constriñe (2 Cor. 5:14) o las obliga y, por lo tanto; las equipa para sus ministerios; y ellas responden con su obediencia al Espíritu en vez de a la autoridad de interpretaciones varoniles de la palabra.
Esto se ve también en el lugar que se le da a la experiencia de fe de la mujer como clave hermenéutica. Las narrativas bíblicas se leen también a la luz de experiencias personales que no se habían nombrado antes. Por ejemplo, experiencias de abuso sexual o violencia doméstica. La inclusión de estas experiencias como claves hermenéuticas ayudan a traer luz a otros aspectos nunca antes vistos en un pasaje específico.
También, hay otras mujeres para quienes una lectura más tradicional, la histórica-crítica, es la forma que usan para leer. Esto incluye el canon de cómo han escuchado la interpretación de los pasajes bíblicos en las predicaciones. Este canon predicado tiene autoridad, y no se atreven a ir más allá en sus interpretaciones.
Esto demuestra la diversidad de la comunidad diaspórica. También demuestra que la hermenéutica preferida está conectada a la habilidad de las personas de poder moverse en la dirección que la palabra les dice. Por ejemplo, las mujeres usaron un método donde se buscan las nuevas direcciones del Espíritu para interpretar temas sobre el llamado de la mujer. Sin embargo, se resistieron a usar el mismo método para interpretar otros pasajes donde implicaría cambiar sus formas de ver a Jesús en su encarnación completa. Por ejemplo, ¿puede Cristo aprender de la mujer sirofenicia? Esto implicaría que Jesús no es “perfecto” en las formas que antes había aprendido. Las mujeres escogieron la forma tradicional de interpretar las escrituras que no las lleve a interrumpir su imagen de Cristo. Esto es porque la Biblia tiene gran autoridad para dirigir sus vidas y necesitan tener interpretaciones con las cuales puedan vivir. Estas eran mujeres de la generación 1.5.
Las mujeres de segunda y tercera generación no ven a la autoridad de la Biblia como una autoridad tan fuerte. Mientras que la Biblia tiene autoridad, no simboliza la plenitud de Dios y, por lo tanto, ellas miran a la Biblia por medio de procesos de discernimiento. Esto quiere decir que entienden que la Escritura contiene elementos tanto divinos como humanos lo cual nos responsabiliza como comunidad de fe a hacer discernimientos comunales de su interpretación para evitar que se hagan interpretaciones particulares que no nos responsabilizan por las formas en que vivimos unos con otros. El discernimiento comunal nos hace mirar la palabra leyendo nuestro tiempo presente en vez de evadir los asuntos presentes que nos apremian. Esto balancea la autoridad de la palabra con esa de la comunidad de fe que busca hacer una lectura fiel en su tiempo. Es diferente a la comunidad de mujeres de la generación 1.5 que busca una lectura tradicional cuando no las reta mucho, pero buscan una lectura del Espíritu cuando piensan que la lectura tradicional contiene prejuicios.
Vemos en estos diferentes formatos el papel que juegan la liturgia, el contexto cotidiano, la encarnación, las experiencias de identidad como el de la comunidad afrolatinx, el mover del Espíritu revelando nuevas cosas, la justicia y la honestidad.
Deseo terminar con las palabras de bendición de una joven ministra de segunda generación: “Que hagamos lecturas que nos ayuden a romper los iconos estáticos que hemos hecho de nuestro Señor para verlo de nuevo en los rostros de nuestro mundo.”
Ella busca hacer una lectura profética.

Es Dra. con un Ph.D. de Boston College, un M.Div. del Seminario Teológico Bautista de Eastern, y un B.A. del Brooklyn College, City University de Nueva York.
Fundadora del Programa de Ministerios Hispanos y Latinoamericanos Orlando E. Costas en la Escuela Teológica Andover Newton; se desempeñó como profesora titular de educación religiosa en la Escuela de Teología de Claremont, como decana académica y vicepresidenta de educación en el Colegio Esperanza de la Universidad de Eastern, y como directora de la Asociación para la Educación Teológica Hispana (AETH).
Nota: Este artículo fué subido a la página de la FTL el 11/02/26
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