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Las tres olas misioneras: Una propuesta para el trabajo conjunto en la Amazonía peruana

Irma Espinoza

En este escrito presento el trabajo misionero entre los pueblos indígenas de la Amazonía, especialmente el realizado a través de diversas etapas a las que hemos denominado “las tres olas misioneras”[1], en la cual han participado extranjeros, (1a ola) principalmente estadounidenses, algunos europeos, (2a ola) nacionales a quienes conocemos como criollos y mestizos, y finalmente (3a ola) los mismos indígenas entre otros pueblos o en su propio grupo étnico. Asimismo, planteo que para realizar adecuadamente la tarea encomendada por Jesús, es importante establecer redes de apoyo y trabajo conjunto entre los diversos agentes misioneros presentes en la Amazonía.


LAS MISIONES EN LA AMAZONÍA PERUANA: TRES OLAS MISIONERAS

Por mucho tiempo se ha visto a la Amazonía como una región con poca población, un paraíso perdido, una zona virgen lista para ser colonizada, explotada e integrada a la nación peruana, lista para recibir a los emisarios de la civilización: políticos, empresarios, colonos y también misioneros. En este marco nos adentramos al mundo amazónico peruano, en donde las relaciones entre indígenas, criollo-mestizos y extranjeros, ha sido en algún sentido de abusos contra los nativos. Las misiones cristianas no son ajenas a estos procesos, por lo cual es necesario examinar su papel frente a los retos culturales, sociales, políticos y espirituales experimentadas por su incursión y la fuerte huella que han dejado en la zona.

a) La primera ola misionera: las misiones extranjeras evangélicas. Los misioneros encontraron un “campo blanco” en donde no había “indios” que practicaran un cristianismo sincrético como en los Andes, sino religiones animistas. Muchos de ellos llegaron con un fervor misionero, pero sin una adecuada preparación transcultural. El trabajo misionero evangélico comenzó formalmente en 1932 con la South American Mission (SAM). Luego fue el Instituto Lingüístico de Verano (ILV) quien entró bajo convenio con el gobierno desde 1945 y finalmente la Misión Suiza en el Perú (MSP), invitada por el ILV para complementar su trabajo misionero. Estas agencias produjeron la mayoría de las primeras iglesias, crearon comunidades, la traducción del NT a varios de los idiomas, fundación de escuelas y postas médicas, preparación de maestros bilingües y promotores de la salud, recuperación de leyendas y mitos en textos escritos. Mediaron entre el mundo Occidental y el nativo en torno al uso del dinero, la medicina moderna, la escolarización y la conciencia nacional.  También se formaron relaciones de dependencia de los extranjeros, ( en esta etapa se dejó fuera a las iglesias nacionales, se mezcló evangelizar y “civilizar”, sin tomar en cuenta la participación de los pueblos indígenas, tendiendo a asimilarlos. Fue una evangelización poco profunda, y su trabajo era financiado con el objetivo que los indígenas conocieran a Cristo, a veces con historias y resultados algo exagerados, como por ejemplo la historia de “Tariri: mi historia de asesino de la selva a misionero cristiano”, la cual fue refutada como exagerada[2].

Un efecto inesperado fue el empoderamiento de los nativos al aprender el lenguaje de los dominantes, el español y sus códigos y su involucramiento en el área de la política. Muchos de los primeros políticos indígenas fueron formados por los programas misioneros, pero no compartían los valores inculcados, pues chocaban con su cosmovisión, por otro lado no se  sintieron acompañados cuando los necesitaban ante al avance de las amenazas de empresas extractivas, salvo ciertas exepciones.

La segunda ola misionera: las misiones nacionales. Entre las misiones de la segunda ola los criollo-mestizos parecen tener menos conciencia de las diferencias culturales. Al percibir las evidentes necesidades, no sólo espirituales, sino también materiales de las comunidades indígenas, suelen realizar proyectos de “promoción social”, asistencialistas, de corto plazo y con poca utilidad para la zona. Algunas iglesias intentan establecer templos de su denominación en cada comunidad, no les importa que ya haya testimonio cristiano, pues consideran “campos blancos” sitios sin presencia de su denominación. Ello provoca confusión, descontento y desilusión entre los indígenas. Algunos ya no asisten a las iglesias; las comunidades pequeñas se dividen en torno al templo al cual asisten. En buena medida, parte del problema se debe a que los mestizos están más interesados en cumplir sus planes y proyectos, enviar estadísticas a sus patrocinadores, que en procurar el bienestar integral de los indígenas, el Reino de Dios entre las comunidades nativas.

La tercera ola misionera: las misiones de los indígenas. Los indígenas han querido participar de la misión por iniciativa propia, con entusiasmo, pocos o nulos recursos, y en las últimas décadas procurando crear organismos para dirigir los esfuerzos misioneros en conjunto. Contra el divisionismo denominacional han propuesto, al menos, tres esfuerzos misioneros propios que ponen en tela de juicio los prejuicios con los que se juzga a los indígenas, como gente sin iniciativa, sin ganas de aprender y esperando recibir algo.

(1) FAIENAP (Fraternidad de Asociaciones de Iglesias Evangélicas Nativas de la Amazonía Peruana) creada en 1988, representa a 18 grupos étnicos, agrupando a más de 300 iglesias. Surgió debido a que en conferencias, talleres y otros eventos, cada quien se presentaba como parte de una denominación, pero ellos no, por lo cual decidieron crear una representación para sí mismos. (2) MINAP (Misión Integral Nativa de la Amazonía Peruana) se fundó en  2003 por iniciativa de algunos misioneros indígenas, con el propósito de dar cobertura a los misioneros nativos, incluyendo la evangelización, profundización doctrinal, actividades culturales, sociales, económicas y educativas, desde la perspectiva de la teología de la misión integral e interculturalidad. (3) RELENAP (Red de Líderes Evangélicos de la Amazonía Peruana) creada en 2012 representada por líderes indígenas con influencia, enfocados en la misión integral, con el objetivo de capacitar cataliticamente a los futuros líderes.
 

CONSECUENCIAS PRESENTES DE LA MISIÓN EVANGÉLICA

La primera ola misionera realizó la evangelización con una fórmula conversionista basada en  cumplir con éxito sus proyectos, que sean creyentes, que cumplan cietas reglas de comportamientos, lo cual parecían representar el éxito de la misión entre los indígenas. Sin embargo, las decepciones para los misioneros no tardaron en llegar, descubrían que seguían practicando sus mismos rituales antiguos, parecían pertenecer a dos sistemas de creencias alternativos, utilizando el que más les favoreciera en determinado momento. Mientras tanto, muchos cambios sucedieron: escuelas bilingües cada vez más adentro de la selva, carreteras, empresas extractivas se hicieron presentes junto con madereros, narcotraficantes y mineros ilegales. La emigración de los indígenas a las ciudades, la economía de mercado y la monetarización de las relaciones económicas transformaron las relaciones sociales. La medicina alópata penetró por medio de las postas médicas, el crecimiento demográfico, la llegada de colonos, el deterioro ambiental, entre otros llevaron cambios tan vertiginosos que los mismos indígenas no sabían cómo manejar este desencuentro, muchas veces violento.

La lógica de las misiones de la primera ola era que si de cualquier manera la civilización Occidental llegaría a los indígenas amazónicos, primero debería llegar el evangelio y después los indígenas se adaptarían a las nuevas condiciones de vida. Este evangelio era una mezcla de cristianismo con occidentalización en donde era difícil discernir la distancia entre los principios bíblicos y su propia carga cultural. A modo de ejemplo, se puede hablar de los conocimientos médicos tradicionales que se han perdido debido a los juicios que se establecieron sobre casi toda forma de medicina tradicional. La traducción de la Biblia se hacía con un equipo de “informantes” en su comunidad o también en la sede del ILV para trabajar con ellos, en la actualidad muchos de estas traducciones están siendo revisadas antes de ser reimpresas.

Los resultados de dicha evangelización no son totalmente blancos, ni totalmente negros. Algunas cosas buenas fueron la enseñanza del español que ayudó a los indígenas a poder leer, realizar trámites y defender sus derechos con la lengua de los grupos dominantes del Perú. El combate al alcoholismo también benefició las relaciones familiares y comunitarias, así como algunos conflictos intercomunitarios. Algunas prácticas como el infanticidio prácticamente se a reducido, por la intervención de esta primera ola, pues si bien era una forma de control natal, era cruento deshacerse de los niños no deseados y los que nacían con alguna discapacidad.

A la llegada de la segunda ola el camino recorrido por los misioneros de la primera ola, parece no haber sido aleccionador. No sólo se incurrieron en las mismas faltas, algunas se han agudizado y muchas preguntas requieren una reflexión conjunta: ¿Qué hay de la depredación del medio ambiente? ¿Qué sucede con la llegada de empresas y gente que se establecen sin permiso o engañando a las comunidades? ¿Cómo defenderse de madereros, mineros ilegales y narcotraficantes? ¿Cómo enfrentar el cambio climático, la disminución de recursos y el aumento de población; la promiscuidad sexual y el aumento de enfermedades de transmisión sexual, la prostitución y la precocidad en las relaciones?

Tylor nos dice que el trabajo de los misioneros protestantes no ha considerado a los indígenas como iguales, sino siempre en condición de “salvajes” que necesitan, quizás más que el evangelio, la “civilización”[3]. Esta forma de pensar se ha transmitido en relaciones jerárquicas en el mundo misioneros, lo cual es muy necesario conversarlo dentro de los temas de interculturalidad, evangelio integral y la importancia de la contextualización.
La humildad, esa cualidad del Dios encarnado, de Jesucristo hombre es lo que nos ha faltado para realizar la misión. Deberíamos preguntarnos por qué queremos hacer misiones, ¿es un llamado? ¿es una forma de encontrar “aventura”? ¿es una forma de auto-realización? O ¿nos mueve el amor a nuestro prójimo de algún pueblo indígena? ¿nos interesan como personas o como objetos de la extensión de nuestra organización o iglesia? Jesús se encarnó para hacer la misión a las personas de su época, en un Israel dominado por los romanos, con corrupción en la política y la religión, con muchos descastados que no le importaban a nadie y habló su lenguaje, sus símbolos, su historia.


UNA PROPUESTA DE TRABAJO CONJUNTO

Las propuestas que aquí se mencionan son resultado del trabajo colaborativo entre misioneros de las tres olas, especialmente las realizadas por los indígenas amazónicos, pues son ellos quienes están y estarán en su casa sufriendo las consecuencias de los cambios antes enunciados. La gran comisión sólo puede cumplirse en colaboración, no en competencia. Lo que parece normal en una ciudad donde las iglesias se multiplican en un mismo cuadrante sin mucho problema, en una comunidad generan conflictos que poco representan al cuerpo de Cristo,  las familias están emparentadas y necesitan mantener la unidad para afrontar juntos sus problemas.
Especialmente cuando llegan los criollo-mestizos a evangelizar, pueden verlos con desconfianza porque las relaciones históricas entre ambos han estado llenas de mentiras, explotación y abuso. Además son pueblos primordialmente orales, en donde el valor de la palabra tiene un peso mayor que para quienes en las ciudades la palabra ha perdido peso y sólo “el papelito habla”. En ocasiones somos muy ligeros para comprometernos y no cumplir, por lo cual misioneros de la segunda ola suelen quedar como mentirosos y poco fieles a Cristo o incluso, como que no se puede confiar en el Dios de los cristianos.

Un encuentro intercultural se hace necesario, más allá de lo transcultural (en donde dos grupos culturales entran en contacto) y lo multicultural: el término “multicultural” tal y como indica su prefijo “multi” hace referencia a la existencia de varias culturas diferentes, pero no ahonda más allá, con lo que nos da a entender que no existe relación entre las distintas culturas. Sin embargo, el prefijo “inter” va más allá, haciendo referencia a la relación e intercambio y, por tanto, al enriquecimiento mutuo entre distintas culturas[4]

Los proyectos que suelen plantear las iglesias urbanas consideran sus calendarios, pero no  las actividades económicas de las iglesias o comunidades que visitan. No puede ser en temporada de pesca, a partir de la cual venderán pescado y será una de las pocas actividades remuneradas de los indígenas, recursos que utilizarán para los útiles escolares de sus hijos, mantenimiento de lanchas, entre otras necesidades. Planear una visita a una comunidad nativa debe considerar los ritmos de vida de quienes pretende beneficiar. Si un misionero tiene la intención de vivir y hacer misión entre comunidades nativas, ha de considerar una etapa de aprendizaje, de inmersión en la cultura de “al menos” dos años. De aprender a contener las propias palabras, para aprender a abrir los oídos y los ojos, disponiéndolos para reconocer con amor a quienes en algún momento podremos servir.

Las enseñanzas que se imparten en los Institutos Bíblicos para población nativa deben considerar no sólo lo intelectual, sino también la disposición para el aprendizaje colaborativo y el conocimiento de al menos una etnia de la Amazonía. De lo contrario se sobreponen artificialmente conceptos no significativos para los oyentes. Por ello se han emprendido algunos proyectos de transformar las misiones en algo respetuoso del espíritu del Evangelio y de los indígenas amazónicos y exponemos tres ejemplos. (1) La CAMIT (Capacitación Misionera Transcultural), un proyecto anual para ofrecer una capacitación transcultural a interesados en la misión en la Amazonía, particularmente peruanos y de países vecinos. Los encargados de dirigir este proyecto es una colaboración de misioneros indígenas nacionales y extranjeros, que han vivido en ese contexto. Se busca introducir a potenciales misioneros con una sensibilidad especial por los pueblos nativos. (2) Misión a Bordo, presenta un viaje de una semana por el río Ucayali, durante el cual se imparten cursos y experiencias prácticas en comunidades shipibas, para capacitar a los potenciales misioneros a enfrentarse con una realidad distinta a la suya. En este proyecto se busca vincular principalmente a los miembros de la primera y segunda ola,  con los de la tercera ola: pastores, coordinadores de departamentos de misiones y líderes de influencia en el quehacer misionero. (3) ADN Amazónico es un esfuerzo de misioneros de la pirmera y segunda ola por acompañar, servir y aprender de los indígenas, y poner de relieve en la agenda de las iglesias, la opinión pública y de las autoridades, la preservación y mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades nativas en diversos aspectos, planificando y trabajando juntos.

Cada obra misionera requiere ser evaluada para reconocer lo bueno,  aquello por mejorar y lo que no debe volver a ocurrir. Si las críticas externas, de quienes no son cristianos tienen un sentido de realidad, hacer oídos sordos a ellas sólo porque no comparten nuestra misión, no ayuda mucho a un mejoramiento de nuestra labor. La acción misionera ha de ser distinta de empresas y grupos políticos cuyo fin es la explotación, el lucro y la dominación de otros seres humanos. Por ejemplo, los derechos y convenios internacionales de los pueblos indígenas pueden establecer una buena guía de los límites de la acción misionera en el sentido del respeto y apoyo de las diferencias culturales. No significa que la evangelización es anulada, sino que se mantiene dentro de un marco de responsabilidades colectivas.

El camino misionero con los pueblos indígenas implica responsabilidades no sólo espirituales, también los efectos en todos los ámbitos de las comunidades, tal como acompañarles en sus luchas por la vida, asesorándoles en esos encuentros y desencuentros con la realidad nacional, dando a conocer las injusticias que enfrentan cotidianamente, asistiéndoles cuando van a las ciudades, velando porque la educación y la salud sean interculturales y efectivas, etc. También es necesario recordar que conceptos como la encarnación tomaron siglos en Occidente para ser comprendidos; incluso en nuestro catolicismo mestizo entendimos parcialmente lo que ello significaba después de cinco siglos. Los cambios de cosmovisión toman mucho tiempo, son de largo alcance.
Un aspecto central a considerar cuando hablamos de evangelismo es qué tipo de Cristo y cristianismo se está pregonando. El hecho de presionar a los indígenas convertidos a cambiar su ropa, lenguaje y otros aspectos superficiales ha conducido a un moralismo que dista del evangelio de la gracia de Dios. De este modo, salen de un sistema animista en donde el destino está conformado por ciclos recurrentes, a una religión que no siempre les guía a Cristo, sino a un grupo religioso específico que no presenta al Cristo de amor, paz y justicia, aunque se hable de él. Si la gracia de Dios no está presente, entonces Dios está lejos y por lo tanto no hay liberación en Cristo.


Notas

[1]Se denomina “tres olas misioneras” al tiempo en que llegaron las misiones a la Amazonía, término acuñado en ALTECO por Henrique Terena, misiólogo e indígena Terena, tras oír una reflexión sobre las “tres olas”. En El Mundo Cambiante de las Misiones Modernas, Phil Kenney & Andrés Casanueva, Agosto de 2013.
[2] Stoll, David (1985). ¿Pescadores de hombres o fundadores de imperios?, Quito, Desco-Aidesep-Survival-Abya Yala, pp. 202-203.
[3] Taylor, Anne-Christine (1996). La riqueza de Dios: los Achuar y las misiones, en Fernando Santos (ed.), Globalización y cambio en la Amazonía indígena, Quito, Flacso-Abya Yala, pp. 219-259.
[4] Hidalgo Hernández, Verónica (2005). Cultura, multiculturalidad, interculturalidad y transculturalidad: evolución de un término, en: http://www.fec-chiapas.com.mx/sistema/biblioteca_digital/cultura-multiculturalidad-interculturalidad-y-transculturalidad.pdf

Irma Espinoza obtuvo su doctorado (PhD) en South African Theological Seminary (SATS).  Es Coordinadora para América Latina del Movimiento Tres Olas (MTO), desde el 2007. Es miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL). Tiene experiencia de más de 4 década acompañando al liderazgo indígena en la Amazonía. Por más de 13 años vivió en la etnia Candoshi. Su interés es que la evangelización sea integral y contextual, considerando la interculturalidad en un mundo globalizado con intercambios constantes.

Nota: Este artículo fue subido a la página de la FTL el 04/08/2023.

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